Yvon Chouinard: El dueño de Patagonia revoluciona la filantropía: un hombre para un mundo mejor | Negocios



Si hubiera más Yvon Chouinards, los seres humanos podrían luchar mejor contra el calentamiento global. Estos sentimientos circulan por las redes sociales desde que el fundador de Patagonia revelara el miércoles pasado que ha cedido el control de su empresa de ropa para deportes al aire libre. Su motivo: canalizar los beneficios generados por lo que seguirá siendo una empresa con ánimo de lucro hacia una organización benéfica que lucha contra los riesgos climáticos y medioambientales y que poseerá la práctica totalidad de las acciones de Patagonia. Sin embargo, podría haber conseguido un mayor fondo de reserva más rápidamente si hubiese vendido la empresa. Que no lo haya hecho es una respuesta adecuada a la alternativa de desligar los aspectos medioambientales, sociales y de gobernanza (ESG).

La idea de esta separación ha ido ganando adeptos. Tiene su atractivo: alrededor de 17 billones de dólares en activos se encuentran en fondos dirigidos por gestores que dicen incluir consideraciones ESG en sus decisiones de inversión. Pero muchas veces no tienen clara la importancia relativa de cada una de ellas, y eso genera consternación y confusión. Un fondo ESG centrado en el clima probablemente debería ser el propietario de Tesla, por ejemplo, mientras que uno que dé prioridad a los resultados sociales o de gobernanza tendría dificultades para justificar esa inversión.

En la práctica, los tres aspectos deberían formar parte del análisis global de un gestor de fondos. No solo interactúan entre sí, sino que excluir o restar importancia a un tipo de rendimiento puede llevar a que se pasen por alto muchos riesgos y oportunidades. Chouinard, por ejemplo, quiere destinar más dinero a la protección del planeta. Sin embargo, al ceder prácticamente todas las acciones a un fideicomiso benéfico, está limitando su contribución a las ganancias anuales de la empresa de cerca de 100 millones de dólares al año. Patagonia, según múltiplos de empresas comparables, podría valer 2.000 millones, una suma considerable para invertir. Sin embargo, con este atajo correría el riesgo de vender la empresa a quienes no defienden ni su cultura ecológica ni a sus empleados.

PARA MÁS INFORMACIÓN: BREAKINGVIEWS.REUTERS.COM Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de EL PAÍS

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