Ximo ‘Kennedy’ contra Carlos ‘Nixon’ | Comunidad Valenciana


Ximo Puig y Carlos Mazón durante una reunión en el Palau de la Generalitat.
Ximo Puig y Carlos Mazón durante una reunión en el Palau de la Generalitat.Generalitat Valenciana

Corría un 26 de septiembre de 1960 en Chicago, hace ahora 62 años. Kennedy y Nixon se enfrentaron en el primer debate presidencial de la historia de la televisión. Demócratas contra republicanos. Rojos contra azules. Más de un tercio de los estadounidenses, exactamente 66.4 millones de personas, siguieron el debate a través de la cadena CBS. Nixon era hasta entonces el favorito, pero su aspecto pálido y su traje gris y destartalado contrastaron con un Kennedy hecho un pincel, maquillado y sonriente. Los radioespectadores prefirieron a Nixon por un estrecho margen, pero quienes siguieron el debate por televisión no tuvieron dudas de que el ganador había sido aquel joven descendiente de irlandeses apellidado Kennedy.

La victoria de Kennedy fue mucho más que una buena elección. Kennedy, como años más tarde haría Reagan por el Partido Republicano, supo leer mejor que nadie la época en que vivía. Pese a que València se encuentre a más de 7.000 kilómetros de Chicago, las próximas elecciones valencianas también van de entender la época en que vivimos y leer el pulso a la sociedad valenciana. Y, como explica Rodrigo Terrasa en su libro La ciudad de la euforia, nadie supo entender mejor que el Partido Popular el complejo de inferioridad que sentía la sociedad valenciana, hermana pequeña y tercera en discordia entre la Barcelona olímpica y la Madrid radial del kilómetro 0.

Carlos Nixon Mazón es un hijo político del zaplanismo, aquella época en que el Partido Popular (con epíteto valenciano y señeras al aire incluidas) era capaz de llenar un mitin nada más y nada menos que en Mestalla; en aquellos años en que nació Terra Mítica y la audiencia de Canal 9 se acercaba al 25%. No obstante, fue ese mismo PP el que acabó cerrando el canal público, sepultado bajo los escombros de sus escándalos; asfixiado por sus innúmeros casos de corrupción y el agotamiento de una generación de líderes políticos nacidos para ganar, su imperio acabó cayendo. Aquella euforia dio paso a una nueva etapa política en 2015, marcada por la mejora de la imagen reputacional y la recuperación de la sanidad y educación valencianas, que llegó de la mano del Botànic.

Ahora, los fantasmas de la catalanización de Valencia que agita el PP(CV) suenan ridículos a las nuevas generaciones de valencianos, que contemplan una Barcelona que el turismo ha convertido en carísima e inhóspita, y la mala política ha condenado al ostracismo. Y Mazón infravalora a Kennedy Puig. Una figura política que, tejiendo y tejiendo, ha alzado su voz más allá de la M-30. Con importantes contactos en Europa, al borde de aprobar sus octavos presupuestos con Compromís y Podemos y con una agenda keynesiana decidida a reindustrializar la Comunitat, lo Regne o el País, Puig no es el aburrido Joan Lerma que perdió contra el carisma de Zaplana.

Lo dice constantemente una amiga periodista argentina, Mariana Moyano: “Se trata de entender la época”. Como han hecho Juanma Moreno en Andalucía, Ayuso en Madrid (que roza la mayoría absoluta, por mucho que a algunos les duela) o el alcalde de Valencia, Joan Ribó (que supo estar en el momento adecuado para suceder a Rita). Las viejas fórmulas no sirven: de aquel verano del 2000 en que se inauguró Terra Mítica han pasado 22 años y la receta de agua, anticatalanismo rampante y polémicas lingüísticas que intentan revivir la Batalla de València ha pasado de moda. Si ‘Nixon’ Mazón quiere reinar en su Regne y vencer a ‘Kennedy’ Puig necesita un discurso para 2022. Como en aquel debate de 1960, se trata de algo más que un toque de maquillaje.

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