Vivir de la literatura



Cuenta Juan José Millás a Juan Cruz en El Periódico de España que en su generación “todos los escritores tenían un trabajo que no tenía que ver con la literatura”. Por eso hizo unas oposiciones a Iberia. “Uno no pensaba en vivir de la escritura. La escritura era una afición y ya”. Confiesa que le daba “mucho miedo vivir de la literatura”. Cuando se fue de la empresa sintió “muchísimo vértigo (…) porque ya no iba a tener un contrato fijo e indefinido”. Su preocupación era: “si un día me vuelvo tonto y no tengo ideas para hacer libros y artículos, ¿qué pasa?”.

Otro escritor que tuvo que buscar otros sustentos fue Lorenzo Silva. Se lo explica a Álvaro Sánchez León en Aceprensa. “Durante mucho tiempo no he vivido de la literatura. Ni siquiera necesitaba vender libros para poder pagar las facturas”. Eso le dio una libertad que sigue conservando. “Ahora vivo de la literatura, pero de una manera que no me hace sentir ninguna restricción. No vivo de la literatura siendo un escritor oficial, o un escritor subvencionado o a sueldo de un movimiento político, o militante, o regional”.

«Me daba mucho miedo vivir de la literatura». Juan José Millás

No todos los creadores tienen esa suerte. Carla Simón, incluso habiendo ganado el Oso de Oro en Berlín, considera “una utopía vivir del cine independiente en España”. Así lo revela en una entrevista con Clara Ferrero en Harper’s Bazaar. “Sigue siendo un trabajo muy precario y nos hemos acostumbrado a trabajar con pasión, pero con muy poco dinero, aceptando sueldos que no se corresponden (…). Este modelo de producción más artesanal [el de su película], que es el que termina viajando a festivales y representándonos culturalmente, no se cuida. Es un problema. No sé si conozco a alguien que viva solo del cine independiente”.

A la directora de Alcarràs también le preocupa la poca representación de las mujeres en el mundo de la cultura. “Somos la mitad del mundo y deberíamos contar la mitad de las historias, pero no estamos ahí sino bastante lejos”.

La ganadora del Planeta María de la Pau Janer (Última Hora) lo tiene muy en cuenta. “Creo que todas mis novelas suelen tener esa reivindicación de las mujeres, aunque también tienen a grandes protagonistas masculinos. (…). Las mujeres y su mirada del mundo son claves para mí. Y es algo que se ha ido acentuando con el tiempo. En el fondo siempre hay historias de complicidad entre las mujeres, siempre se ayudan entre ellas”.

Y de las mujeres pasamos a los hombres, Leticia Dolera escribe sobre el cine como formador de caracteres masculinos en el prólogo a John Wayne que estás en los cielos, de Octavio Salazar, que reproduce El País. “Hace muchos años, un buen amigo (…) me dijo que había aprendido a ser un hombre viendo pelis dirigidas por John Ford o protagonizadas por James Stewart. Me quedé en silencio, pensando dónde habría aprendido yo a ser mujer…”. A continuación, nos deja varios interrogantes para meditar. “¿Cuántos Rafas [el amigo] habrán aprendido “lo que es ser un hombre” a través del cine y las series? ¿Cuántos ‘modelos de hombre’ encontramos en el relato cultural? ¿Están las distintas masculinidades representadas en la ficción o por el contrario, nos faltan modelos y referentes?”.

«Durante mucho tiempo no he vivido de la literatura». Lorenzo Silva

En otro orden de cosas, el narrador chileno Alejandro Zambra, irónico, explica a Inés Martín Rodrigo (El Periódico de Cataluña) cómo entiende el oficio de escritor. “Yo defiendo la escritura como ejercicio. No sé, como hacer abdominales o sentadillas. Claro, tal vez yo debería haberme dedicado más a los abdominales y a las sentadillas y menos a escribir (…) Y escribir no es publicar, es más como entrenar. Escribir es escribir mal. A nadie le vendría mal escribir quince minutos cada mañana”.

P.S. El lingüista y semiólogo François Rastier reflexiona en una entrevista con Daniel Arjona (El Confidencial) sobre Heidegger hoy, a propósito de su libro Naufragio de un profeta. “Jamás he podido leer a Heidegger y a sus apologistas sin un malestar que no tiene nada de existencial mientras tantos autores ilustrados se encomendaban a él (…) El movimiento de la deconstrucción, inspirado explícitamente en Heidegger, se ha convertido en un movimiento internacional, hegemónico en los medios intelectuales, en el que todas las tendencias están de acuerdo en deslegitimar la racionalidad en beneficio de lo vivido, lo sentido, etc.”.



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