Un sistema sencillísimo… para los italianos | Opinión


Papeletas para las elecciones en Italia.
Papeletas para las elecciones en Italia.MAURO SCROBOGNA / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO (MAURO SCROBOGNA / ZUMA PRESS / C)

Con las elecciones sucede un poco como con los idiomas: a cada uno el suyo le parece sencillísimo, pero la cosa se complica para los foráneos cuando toca aprender la gramática. El sistema electoral italiano, como todos, tiene la suya propia, fruto de una manera de hacer las cosas y, en el caso de las presentes elecciones, los intentos por mejorarla, aunque en esto último hay opiniones para todos los gustos.

Conviene no perder de vista que en los años transcurridos desde la proclamación de la República en 1946 (18 legislaturas) Italia ha tenido 67 gobiernos. Un número explicable, entre otras muchas razones, por un sistema electoral que permitía la hiperfragmentación parlamentaria y un poder prácticamente igual de la Cámara de Diputados y el Senado para tumbar al Ejecutivo. Uno de los resultados era que el voto de cualquier pequeña formación se convertía en fundamental. Es más, el voto de cada diputado o senador (entonces 945 entre ambos) podía provocar una nueva crisis de gobierno y en estas décadas han abundado los conocidos como “francotiradores” que votaban en contra del presidente de turno en el último momento y sin previo aviso. Las elecciones duraban dos días, combinando la elección por las listas con cuatro votos “de preferencia”, dando lugar en ocasiones a rencillas irresolubles dentro del mismo partido cuyo resultado se veía después en las Cámaras.

Tópicos absurdos aparte, a los italianos, como a cualquiera, no les gusta el caos, pero sí es cierto que el sistema no les desagradaba del todo y hasta miraban con cierto recelo a esos parlamentos formados por bloques monolíticos de otras latitudes. Pero había un consenso general en que era preciso un sistema que generase una estabilidad parlamentaria. Los intentos comenzaron en 1993. ¿Cómo? Complicándolo aún más. Se introdujo un sistema mixto: listas, uninominal y turno de repesca. Desde entonces se han sucedido otras leyes bautizadas con nombres que pronunciados de corrido parecen sacados de un equipo de fútbol entrenado por Julio César en los cómics de Astérix: Porcellum, Italicum y Rosatellum. Cabe destacar que Porcellum toma su nombre de la definición ―una porcata, una mierda― que hizo de ella ¡el mismo ministro que la propuso!

Los italianos han votado con Rosatellum —en el campo desde 2018—, por el cual el 61% de los parlamentarios son elegidos con el sistema proporcional, el 37% con el uninominal mayoritario y el 2% representando a los residentes en el extranjero. Si se vota a un candidato uninominal, la preferencia de voto irá a su coalición y viceversa. Todas las papeletas (que llevan los logos y nombres de todos los partidos y candidatos que concurren en una circunscripción) llevan una clave alfanumérica antifraude que debe ser comprobada antes de depositarlas en la urna. Los votantes han tenido que elegir entre 35 listas de partidos que deben obtener como mínimo un 3% (Hermanos de Italia apenas sacó un 4% en las pasadas elecciones) o un 10% (en el caso de las coaliciones) de votos para que su elección sea válida. Todo esto ha sucedido tras dos semanas sin sondeos, por no mencionar el juego de coaliciones, rupturas y desencuentros entre las formaciones políticas. Solo un ejemplo: el Movimiento 5 Estrellas, en la izquierda y que concurrió en solitario, formó Gobierno con la Liga de Matteo Salvini hace apenas seis años. ¿Resultados rápidos? Sencillísimo.

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