un calvario en los despachos



Octavi es un tipo con cintura y sentido del humor. También con espalda ancha y 1,90 de estatura. Sería uno más de los 17.000 mossos d’esquadra si no fuera porque su vida quedó ligada para siempre al procés, después de reconvenir a un manifestante con estas palabras: «¡La República no existe, idiota!».

Su vida cambió aquel 21 de diciembre de 2018 al ir a sofocar, un año después del referéndum ilegal del 1 de octubre, una de las múltiples manifestaciones de protesta que surgieron a partir de entonces. El vídeo que recogía los hechos corrió como la pólvora.

– ¿Tú también eres funcionario? – le preguntó Octavi en catalán al agente forestal, fuera de servicio pero uniformado.

– Sí, soy guardia forestal.

– Pues defiéndeme a mí y no a esos hijos de puta -le recriminó, en referencia a los radicales que lanzaban objetos a los policías.

– ¡Yo defiendo a la República! 

– ¿Pero qué República ni qué cojones? ¿Qué República ni qué República? ¡La República no existe, idiota!

Inmediatamente, los tentáculos del separatismo se movilizaron para tratar de localizarle. Trataron de publicar su nombre, su imagen… todo cuanto se pudiera obtener de él.

El titular de Interior de la Generalitat, Miquel Buch, le señaló públicamente: «Un mosso no debería llamar idiota a un manifestante. No debería de ser normal. Se investigará y se actuará». El departamento de Asuntos Internos lo investigó, en principio, por una falta leve de incorrección hacia los ciudadanos, lo que le supuso una suspensión de 15 días de empleo y sueldo.

Algunos de sus superiores quisieron pasarle factura. Le abrieron un expediente que los agentes denominan «de información reservada».

Amenaza de expulsión

Octavi tiene mujer e hijos. La familia dependía de su sueldo para subsistir. Así que cuando se propagó el rumor de que iban a expulsarle del Cuerpo empezó su calvario. Fue peor el de los despachos que el que había vivido en la calle. 

«Fue muy grave cuando empezaron a salir aquellos rumores. Nos llegó que querían meterle una sanción grave, incluso apartarlo», explican a EL ESPAÑOL fuentes cercanas al agente.

Sus compañeros de la BRIMO, la Brigada Móvil de los Mossos d’Esquadra, le tienen por un buen agente. Le apoyaron desde el principio. «Tuvo nuestro apoyo moral, no el de otros. Ahí arriba no es que nadie dijera nada contra él, pero tampoco nadie dijo nada a favor», dicen a EL ESPAÑOL. En aquel momento, Octavi estaba desbordado por la repercusión que había tenido el episodio.

Pero nunca se arredró. Volvió a salir con su equipo a sofocar los graves disturbios tras la sentencia del procés, en octubre de 2019. La calles de Barcelona volvieron a ser escenario de barricadas, asaltos a comercios y violencia. 

«Es un tiarrón, como todos los de la BRIMO. Muy entrañable y simpático. Es el compañero que a uno le gustaría tener al lado cuando hay un problema. O cuando no lo hay», dicen agentes que trabajan con él. También le describen como muy profesional, futbolero, del Espanyol, con carrera universitaria, apolítico… y luchador.

«Gran tensión»

Seguramente por ello, tras la sanción, Octavi no quiso que las cosas quedaran así. Acudió a los servicios jurídicos del Sindicato de Policías de Cataluña (SPC) y, tras un largo periplo en los juzgados, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo 6 de Barcelona le dio la razón el año pasado y ordenó que se le levantara la sanción.

Según la jueza, el agente pronunció la famosa frase en un contexto de «gran tensión». También explicó en la sentencia que el término «idiota» se utiliza habitualmente de forma coloquial, sin que ello suponga menospreciar, insultar u ofender a alguien en concreto.

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En su resolución, la magistrada puso también énfasis en la alusión a la «República». Para la jueza, la frase de que la República catalana no existe «no puede ser merecedora tampoco de reproche, al tratarse de un elemento fáctico». Así finiquitaba el asunto, anulaba la sanción y dejaba el expediente de Octavi como estaba hasta entonces y como continúa todavía hoy: sin una sola mancha que lo emborrone.

Octavi sigue en los Mossos, aunque cambió de puesto. Todavía hoy el independentismo extremista continúa tratando de sacar su identidad a la luz, que él y su entorno protegen celosamente. «Es algo que los radicales hacen siempre, pero lo conseguimos evitar», explica José María Fuster-Fabra, su abogado. Tras años defendiéndole en los tribunales por aquel suceso han trabado una buena amistad.



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