Un actor necesario



“¿En qué momento, pues, cabe esperar la llegada del peligro? Respondo que, si alguna vez nos llega, surgirá de entre nosotros. No puede venir del exterior. Si la destrucción es nuestra suerte, nosotros mismos seremos su autor y su finalizador”. Así vaticinaba Abraham Lincoln, en su célebre discurso de 1838 titulado La perpetuación de nuestras instituciones políticas, que, en caso de darse, el ocaso de Estados Unidos no vendría como consecuencia de una amenaza del exterior, sino por disfunciones internas.

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