Ucrania: Rusia exhibe su arsenal nuclear en su pulso con la OTAN | Internacional


En pleno pulso por que la OTAN y Ucrania acaten sus exigencias, Vladímir Putin presenció este sábado desde el centro de operaciones del Kremlin cómo sus fuerzas de disuasión estratégica probaban su amplio arsenal de misiles con capacidad nuclear. El comandante en jefe supremo de las fuerzas armadas rusas observó los ejercicios acompañado por el presidente Bielorruso, Alexandr Lukashenko, su principal aliado en esta crisis. Pese a prometer en numerosas ocasiones que las tropas rusas abandonarían su territorio el 20 de febrero, una vez concluyeran las maniobras conjuntas de ambos países, Minsk abrió la puerta a que estas sigan desplegadas junto a la frontera con Ucrania, donde soplan vientos de guerra tras la escenificación de una evacuación en la región ucrania del Donbás que ha levantado numerosas sospechas.

“Nadie dijo que las tropas rusas vuelvan a la Federación de Rusia mañana o pasado mañana. Mañana acaban los ejercicios Resolución Aliada. Cuándo y por cuánto tiempo, eso lo decidirán los comandantes en jefe”, afirmó el secretario de Estado del Consejo de Seguridad bielorruso, Alexandr Vólfovich.

Rusia ha enviado a Bielorrusia unos 30.000 militares más todo tipo de armamento pesado, aunque sus fuerzas suman en total unas 129.000 tropas a lo largo de toda la frontera con Ucrania, según los datos que expuso en la víspera el ministro de Defensa ucranio, Olekssi Reznikov. La propia Minsk reconoció que parte de los militares destinados a los ejercicios en el país vecino no participaron en los entrenamientos, sino que fueron enviados para reforzar su flanco sur.

Además de las maniobras de las tropas regulares, este sábado se pusieron a prueba las fuerzas de disuasión estratégicas de Rusia, y lo hicieron en todos los escenarios posibles, por tierra, mar y aire. Lukashenko fue testigo de unos ejercicios que podrían tener lugar en su país en un futuro próximo si accede a ello. El régimen bielorruso ha orquestado el 24 de febrero un referéndum sobre la reforma constitucional que no solo blindará el poder del mandatario, sino que también prevé permitir por primera vez el despliegue de armas nucleares y unidades rusas permanentes en su territorio.

El pasado 21 de diciembre, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, admitió que la opción de ubicar armas nucleares en su aliado está sobre la mesa. Además, el Gobierno ruso amenazó esta semana en su respuesta a Washington con adoptar “medidas técnico-militares” si fracasan las negociaciones sobre el desmantelamiento de la OTAN y las garantías de seguridad que exige.

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Putin y Lukashenko observan este sábado el lanzamiento de misiles, en el centro de operaciones del Kremlin.
Putin y Lukashenko observan este sábado el lanzamiento de misiles, en el centro de operaciones del Kremlin.ALEXEY NIKOLSKY (AFP)

Sentado en la sala junto a Lukashenko, Putin observó cómo sus fuerzas dispararon todo tipo de cohetes de una punta a otra del país. Según el comunicado del Kremlin, las fuerzas aéreas rusas no solo “probaron con éxito” el lanzamiento de misiles hipersónicos Kinzhal, capaces de superar 10 veces la velocidad del sonido y alcanzar objetivos a 2.000 kilómetros de distancia, sino que sus bombarderos estratégicos Tu-95s también emplearon otro tipo de misiles lanzados desde el aire.

A su vez, las flotas del mar Negro y del mar del Norte atacaron objetivos terrestres y marítimos con misiles de crucero Kalibr e hipersónicos Zircón (también conocidos como Tsirkón), y se puso a prueba la puntería de los misiles intercontinentales. Uno fue disparado desde Plesetsk, 800 kilómetros al norte de Moscú, y recorrió todo el país hasta alcanzar un polígono en la península de Kamchatka, en el lejano oriente; mientras que un submarino nuclear disparó al otro extremo del país un cohete de combustible líquido desde el mar de Barents, al norte de los países nórdicos. Según el Kremlin, todas las pruebas lograron sus objetivos.

Misiles “invulnerables”

Muchas de estas armas fueron anunciadas por Putin ante la Asamblea Nacional el 1 de marzo de 2018. El presidente ruso aseguró entonces que los misiles eran “invulnerables” al ser capaces de superar el escudo antimisiles estadounidense. En su discurso sobre el estado de la nación, el líder ruso afirmó que su país había cobrado ventaja en la carrera armamentística y respondía así al abandono en 2002 por parte de Washington del tratado de misiles balísticos ABM.

Sin embargo, la ventaja militar ha sido efímera. Al defender sus exigencias frente a la OTAN, Putin dijo ante su cúpula militar el pasado 21 de diciembre que la Casa Blanca pronto tendrá armas equivalentes a las suyas, y ello pondría en peligro su esfera de influencia sobre Ucrania. “Estados Unidos no tiene aún armas hipersónicas, pero sabemos cuándo podría desarrollarlas. No hay forma de ocultarlo, todo queda grabado”, dijo el mandatario ruso al advertir de que Washington, “bajo esta cobertura, podría armar a los extremistas del país vecino y empujarlos contra Rusia, contra algunas regiones rusas en particular… diremos Crimea”.

No obstante, también hay ciertas afinidades entre ambas partes pese a que Rusia insiste en que sus propuestas son un paquete único y no un menú a la carta. Uno de los puntos en común en las negociaciones entre el Kremlin y la Casa Blanca es la supervisión de sus cohetes tras el abandono estadounidense del tratado de misiles de medio y corto alcance en 2019. “Es una de las áreas prioritarias. Esta categoría de armamento es un componente básico de la nueva ecuación de seguridad que Rusia y Estados Unidos deberían elaborar conjuntamente”, recogía la respuesta entregada por el Ministerio de Exteriores ruso el 17 de febrero.

El país norteamericano abandonó aquel tratado por el desarrollo ruso dmedidasel misil de crucero 9M729, que en teoría alcanzaría el radio prohibido de entre 500 y 5.500 kilómetros de distancia. “Las de transparencia podrían incluir la comprobación de que no está presente este misil en las instalaciones rusas”, ofreció Moscú a Washington, que antes había propuesto un sistema de monitoreo que también disiparía las dudas rusas sobre sus plataformas Aegis desplegadas en Rumanía y Polonia.

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