Ucrania: Barcelona abre una “ventanilla única” ante la llegada de refugiados cada vez más vulnerables | Cataluña



Barcelona tendrá a partir de hoy el centro de acogida y atención a refugiados ucranianos que el Gobierno anunció hace apenas diez días y que es una réplica de los que se están activando en Pozuelo (Madrid) y Alicante. La instalación pretende ser una suerte de ventanilla única —que se ha rebautizado como Centro de Recepción, Atención y Derivación de Barcelona— donde deberán acudir las personas que recaben en la capital catalana huyendo de la guerra en Ucrania. La apertura coincide con un momento de creciente precarización de los refugiados que llegan, cada vez con menos red de apoyo en España.

¿Qué encontrarán allí los refugiados? A solo horas de que abra el centro, es casi una incógnita. El ministro de Migraciones, José Luis Escrivá, anunció el pasado lunes la apertura del centro de Fira. Desde entonces han sido varios los esfuerzos por, a contrarreloj, organizar el espacio.

Los refugiados —especialmente aquellos que llegan con niños— que acudan a partir de hoy tendrán dos espacios diferenciados dentro del pabellón. Por un lado, habrá policías nacionales a los que las personas mostrarán sus pasaportes y se les entregarán automáticamente un certificado de “protección temporal” con los que se permite a estas personas trabajar o estudiar en la Unión Europea durante un año, prorrogable a tres. Tras la visita con los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía —o quizás antes— y ya con la documentación en regla, la Cruz Roja será la que se encargue del resto del dispositivo. La entidad trasladará a la Fira los puntos de acogida que actualmente la organización internacional tienen en su sede de la calle Joan d’Àustria y en la estación de Sants. Decenas de voluntarios, psicólogos y traductores valorarán las necesidades de los refugiados: si tienen familia en España, si tienen comida, si tienen ropa… y se les derivará provisionalmente, si se requiere, a un hotel a la espera de comprobar como evoluciona el conflicto o cómo se articulan los mecanismos de acogida de los municipios para distribuir por Cataluña a aquellas personas que huyen del horror.

Un portavoz de la Cruz Roja advirtió ayer que en estas semanas se está registrando el mayor movimiento de personas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los que han llegado a España lo han hecho con sus propios recursos —la mayoría en su coche— y se hospedan en casas de familiares. Cruz Roja ha atendido a 7.715 personas en los diferentes dispositivos en toda España de los que 4.393 se han atendido en Cataluña. “En Barcelona hemos alojado en hoteles a 2.792 personas. En las primeras semanas del conflicto solo uno de cada cinco refugiados necesitaba ayuda para alojarse, ahora la mitad de los que vienen necesita que los traslademos a un hotel. Eso significa que cada vez están llegando personas más vulnerables”, lamenta Enric Molist, coordinador de Creu Roja Catalunya.

“El perfil de personas siempre es el mismo: mujeres y niños. De hecho, la mitad de personas que atendemos son menores por eso tenemos monitores de tiempo libre y una especie de guardería. Queremos que los niños estén alegres y bien porque vemos que si los menores están bien, las madres se tranquilizan mucho. Ellas llegan muy tocadas aquí. Han dejado a sus maridos y su familia allí”, asegura el coordinador de Cruz Roja. De momento, la entidad asegura que se encuentran en fase de “contención” a la espera de ver como progresan los acontecimientos.

La idea de Cruz Roja es replicar en Fira el mismo sistema de acogida que en Sants o en la sede de la entidad. Por ese motivo, junto a las dependencias policiales habilitadas en el pabellón de Victoria Eugenia también se instalará un rincón de juegos donde los más pequeños puedan evadirse.

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El pabellón de Victoria Eugenia es donde se pretende proyectar la ampliación del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Durante la pandemia allí se colocaron literas y se convirtió en uno de los hostales de campaña que acogió a centenares de personas sin hogar. En esta ocasión los organizadores no pretenden que los refugiados pernocten en el pabellón. Aún así, no se descarta la instalación de algunas decenas de camas por si las personas llegan de madrugada o necesitan descansar.

El edificio es propiedad del Ayuntamiento que es el que ha entregado las llaves para montar el dispositivo pero la gestión del centro de refugiados es responsabilidad del Gobierno central.

“Mi hijo pregunta por su padre y quiere ir a casa”

Tatiana y Victoria son consuegras y ambas vivían en la ciudad de Kharkiv. Acaban de llegar juntas a la sede de la Cruz Roja en autobús. Han tardado días en atravesar Polonia y llegar a la capital catalana. En el camino Tatiana ha visto en las fotos que le llegan en su grupo de Whatsapp que su casa ha quedado destrozada en un ataque aéreo. Ya no le quedan lágrimas. A pocos metros de las dos consuegras, Oscar de dos años y Maria de ocho están en la zona infantil. Las madres de ambos, Vinnik y Paulichenkova, sonríen al verles jugar. “Mi hijo pregunta todo el rato por su padre y pide volver a casa en nuestra ciudad Dnipro. Hablo continuamente, por teléfono, con mi marido que está luchando y me dice que cada vez están peor. Lo único que pido es que se acabe la guerra y volver a casa dentro de un mes”, repite Vinnik justo cuando están a punto de asignarle un hotel. 
El Gremio de Hoteles de Barcelona ha puesto a disposición de la Cruz Roja cerca de 3.000 plazas

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