Tanxugueiras, el estallido de la música gallega


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Su tema Terra, presentado para el Benidorm Fest , y que recibió el apoyo mayoritario del público para representar a España en Eurovisión, superó el medio millón de reproducciones el día de su lanzamiento y en plataformas como Apple Music incluso se convirtió en el segundo más escuchado, tan solo superado, en vísperas de la Navidad, por el All I Want for Christmas is You de Mariah Carey. En ese momento fue oficial, la carrera de Tanxugueiras vivía un punto de inflexión sin vuelta atrás (y sin fronteras, como dice su canción). Aunque finalmente no irán al festival, el trío de pandereteiras lograba un hito de impacto colectivo, situar una canción en una lengua cooficial distinta al español, el gallego, en boca de todos, desde los eurofans a espectadores de toda España y la propia industria musical, que ve su proyecto de fusión de la música tradicional gallega con sonoridades urbanas y modernas como un fenómeno emergente y prometedor.

Las voces de Aida Tarrío y las hermanas Olaia y Sabela Maneiro se han convertido en las máximas exponentes de una nueva etapa de la música hecha en Galicia en la que destacan otros nombres como Baiuca, Grande Amore, Verto, Sen Senra, Ortiga, Laura LaMontagne & PicoAmperio o Bala, entre otros muchos grupos emergentes. Todos llenan auditorios y festivales, con permiso de las restricciones derivadas de la pandemia, y lo que supone la gran diferencia: miran hacia el exterior. No es ninguna novedad que la música hecha en Galicia y en gallego tenga un público fiel en casa, pero esta nueva era supone convertir lo local en un fenómeno global.

Jordi Lauren, gestor cultural y promotor musical, así como presidente de la asociación profesional de festivales de Galicia y fundador de la agencia PlayPan, sitúa este éxito como un «acontecimiento a nivel planetario», pues es resultado del caldo de cultivo de años de crisis económica y laboral que ha centrado la atención de la población «en las raíces y en dónde vivimos» y, por lo tanto, ha provocado «una explosión global con este tipo de fusión de identidades».

«Cada vez miramos más a nuestras raíces y nos abrimos a otras raíces», valora Lauren. Le pasa a los artistas y también al público, generando un hervidero impensable hace diez años de nuevos proyectos con música de raíz como la que está internacionalizando Tanxugueiras y también una tendencia en efervescencia a la colaboración entre artistas de distintos estilos y procedencias. En ambos polos, la pandereta está siendo la gran protagonista.

panderetas

Así lo destaca Carlos Crespo, reputado periodista musical, convencido de que «si en el siglo XX el icono de la música gallega fue la gaita, en el siglo XXI es la pandereta». Hay varios grupos femeninos de cantareiras y pandereteiras a las que la transgresora Mercedes Peón abrió la puerta y que ahora la han cruzado con pies firmes y están llevando este instrumento tan tradicional y a veces denostado de Galicia a escenarios de primer nivel. «De momento, algunas siguen en segunda fila, pero van a despuntar sin duda», llevando a la modernidad la tradición musical gallega sin perder la identidad.

Desde hace un par de años y, en especial, desde la pandemia, «llaman la atención fuera de Galicia y muchos grupos las están llamando», recuerda Crespo, que cita la colaboración de las pandereteiras Lilaina conVetusta Morla, las Adufeiras de Salitrecon Xabier Diaz, Aliboria con Xosé Lois Romero y que Tanxugueiras ha grabado con Rozalén o con Muerdo. Esta última colaboración con el murciano supuso, además, la primera incursión de Aida Tarrío y Olaia y Sabela Maneiro con letra en español.

Esta colaboraciones de la música de raíz y gallega con grupos que llegan de estilos a priori muy alejados no son exclusivas de la pandereta, sino que, por ejemplo, Rodrigo Cuevas ha grabado con los gallegos Baiuca y Ortiga. Todo es una señal más de que hay talento y se da el contexto global para que este talento salga de Galicia. «Ahora el producto está pensado para llevar la cultura de Galicia fuera de Galicia», insiste Lauren. Sin complejos y apoyada en una industria que ahora sí puede sostenerlos

Aunque no existen estudios que permitan poner cifras al impacto económico generado por esta música gallega y, en su práctica totalidad, en gallego sí se puede ver la fortaleza del sector en la comunidad con informes como el elaborado en 2019 por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) sobre el impacto socioeconómico del turismo de festivales de los 13 eventos adheridos a la marca Fest Galicia, que concluye su impacto económico asciende a 39 millones de euros.

Mercedes Peón.
Mercedes Peón.

Baste el ejemplo para confirmar la buena salud de la industria musical gallega, reforzada por la proyección de estos grupos emergentes. Sabela Maneiro, una de las tres patas de Tanxugueiras, ve un antes y un después en esta efervescencia que se ha creado en torno a su proyecto que explora la fusión de la tradición con los sonidos urbanos y modernos y cree que se debe a que «la gente está pidiendo un cambio a gritos, que haya una unión de pueblos. Les gusta Terra por lo que implica, es un cambio en las mentes».

Lenguas

Su éxito actual demuestra, para Sabela Maneiro, que «más de la mitad de la población tiene muy claro que las culturas y las lenguas suman para un país» y que «ese sentimiento de que tiene que ser todo en español, la lengua y la música, no representa a todos porque existen muchas formas de hacer música, y muchas lenguas, y muchos estilos».

El camino está allanado gracias a precursoras como Mercedes Peón, «transgresora y por delante de los tiempos»; o Leilía, que «fueron las primeras en llevar la pandereta a los escenarios como un elemento principal» y, en especial, Sabela se siente agradecida a las pandereteiras anónimas que llevan siglos perpetuando una música tradicional que ahora por fin empieza a reconocerse. Miran al gallego, miran a la raíz, miran a todos aquellos que fueron rompiendo moldes como Berrogüeto, primer grupo en Galicia que puso una batería al servicio de la musica folk; y, sobre todo, miran hacia la cantera.

Baiuca.
Baiuca.

Aunque agradecen a quien les facilitaron su camino, su éxito es resultado de años de duro trabajo (su primer disco salió en 2018, han recorrido escenarios de Galicia y Europa y ya antes de que el Benidorm Fest se cruzase en su carrera tenían pensado que 2022 fuese el año de su salto definitivo a Lationamérica y Europa) y de un sector ahora fortalecido. «La industria en Galicia tiene muchas carencias, pero creemos que poco a poco va saliendo a flote, está saliendo el pozo» y lo hace porque «empieza a haber muchos grupos en gallego que lo están petando».

Tanxugueiras ha puesto en el mapa una industria que Jordi Lauren destaca que ya empezó a despuntar con Baiuca, que llenó el Wizink Center y La Riveira, y que empezó a cultivar este florecer actual cuando una parte del sector se desligó de las administraciones públicas. En épocas previas, la dependencia de la financiación e iniciativas públicas era mayor y el sector pasó una travesía menos creativa. Sin embargo, todo cambió cuando los presupuestos empezaron a desvincularse de tanta iniciativa gubernamental y tomó mayor dimensión la mano privada, pues surgieron nuevos proyectos que, «con un modelo de raíz musical y empresarial arraigada a Galicia, son capaces de desarrollarse en el mercado». Pasó de tener un enfoque más territorial a tener que competir en plataformas más globales, «el foco cambió» y todo el proyecto musical piensa en giras, escuchas, conciertos de dimensión planetaria. No olvida el consumo local, pero el objetivo se sitúa más allá de la comunidad.

empresas

Al final, «sale beneficiada toda la cadena de valor de la industria cultural» y se constata que el idioma no es limitante. Y toda esta eclosión creativa se apoya en un sector que ahora tiene una capacidad de gestionar proyectos de envergadura que años atrás era impensable. Tanxugueiras tiene un equipo cualificado alrededor que, sobre la materia prima de su talento, logró que trascendiese y «convertir en un fenómeno exponencial la parte artística», en palabras de Lauren.

Sin embargo, el problema es que el componente de riesgo elevado asociado a este sector hace que haya mucho freelance con mucha preparación, pero escasez de empresas grandes. Play Pan, con siete trabajadores fijos en plantilla, es una de las agencias más grandes de la comunidad, superada por un gigante como Esmerarte que lleva música gallega, pero está más centrada a nivel nacional. Hay otras empresas a destacar como Art Music, de Alberto Alfonso; Ernie Récords, de Josiño Carballo; o Tremendo Audiovisual, y otras más especializadas en algún área en particular como el sonido o la producción.

El camino ya no tiene vuelta atrás, pero sí tiene retos por delante. Estos nuevos sonidos de la nueva era de la música gallega, un estallido de autenticidad, son un auténtico «fenómeno social clave para la proyección exterior de la música gallega», destaca Carlos Crespo, que matiza que «la regeneración de la música Galicia en transversal», no se limita a un estilo, pero necesita todavía fortalecer una industria que «se consolide».

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