su plan para crear los Estados Unidos de Latinoamérica


Fue como una especie de premonición. En enero de 2021, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero intervino en un curso de la Escuela de Estudios Latinoamericanos y dijo lo siguiente: «Si de aquí a un año consiguiéramos una plataforma de todas las fuerzas políticas progresistas y de izquierda en Latinoamérica, estaríamos en condiciones de ver una etapa de mayorías progresistas, sólidas, ancladas».

Y parece que el tiempo ha querido darle la razón. Desde aquellas palabras, a los gobiernos de izquierda que ya había en Latinoamérica, se le sumó toda una nueva ola de Ejecutivos de la misma cuerda. Desde entonces, han llegado al poder Xiomara Castro en Honduras, Pedro Castillo en Perú, Gabriel Boric en Chile, Gustavo Petro en Colombia y, el último de ellos hace sólo tres semanas, Lula da Silva en Brasil.

Zapatero ha jugado un papel fundamental en este proceso. Tras abandonar la Moncloa ha centrado su etapa en participar en la vida política de Latinoamérica. De las conversaciones entre Gobierno y oposición en Venezuela, ha ido virando a una visión conjunta del continente, destacando su homogeneidad, su condición de única región sin conflictos armados entre sus países, y defendiendo que su fortaleza radica en la acción común.

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Cuando aún era presidente ya llegó a apostar por una especie de Unión Europea a la americana y, ahora, su visión se parece mucho a la Latinoamérica confederal que soñó Simón Bolívar. Ahí está recabando el apoyo de muchas fuerzas de izquierda en Latinoamérica, cada vez más influyentes al albur de los cambios políticos de la región.

Esa actuación conjunta se está materializando en la actualidad a través del Grupo de Puebla, un foro político en el que se apuesta por la cooperación entre los países y en el que participan voces de destacados mandatarios pasados y actuales como Evo Morales, Lula da Silva, Alberto Fernández, Dilma Rousseff, Gabriel Boric, Gustavo Petro, Rafael Correa o José Mugica. Ahí, el expresidente español es uno más.

«El Grupo de Puebla se constituye para impulsar una agenda progresista a partir de la nueva ola de gobiernos de izquierdas, que se abre con Alberto Fernández en Argentina y con Andrés Manuel López Obrador en México», explica a EL ESPAÑOL Gerardo Pisarello, de origen hispanoargentino, miembro de dicho grupo y secretario primero del Congreso de los Diputados.

«La visión de Zapatero es latinoamericanista y también iberoamericanista, que es la de Simón Bolívar cuando proclama la independencia de varios países y lo primero que hace es buscar una relación confederal con España«, añade.

Sin embargo, esta suerte de hermandad, también tiene sus detractores. No sólo entre los sectores conservadores, sino también entre socialistas más moderados. Por un lado, está el compadreo con regímenes populistas y personalistas como el del propio Evo Morales o lo que significó Rafael Correa en Ecuador.

Pero, sobre todo, muchos aprecian que desde ahí también se lleva a cabo el blanqueamiento de dictaduras de izquierda en el continente como la de Nicolás Maduro en Venezuela, la de Daniel Ortega en Nicaragua o la de Cuba. Además, se busca la reactivación de organismos impulsados por el chavismo, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que nació en contraposición a la Organización de Estados Americanos (OEA).

38 veces en Caracas

Este perfil iberoamericano actual, sin embargo, no le ha llegado de nuevas. Se empezó a labrar tan pronto como llegó a la Secretaría general del PSOE, en el año 2000. En su primer viaje a Latinoamérica, muy similar al que ha hecho recientemente Alberto Núñez Feijóo, Zapatero visitó Argentina y Uruguay y se dispuso a cambiar el mapa de relaciones internacionales de los socialistas españoles.

En Montevideo anunció que apoyaría al Frente Amplio, más a la izquierda que el Partido Colorado con el que tradicionalmente se había hermanado el PSOE. En Buenos Aires, se aproximó al peronismo más duro representado por los Kirchner, alejándose de Raúl Alfonsín. Más adelante, en Venezuela se desvinculó de la Acción Democrática de Carlos Andrés Pérez y siguió por toda la región, acercándose por primera vez a otras figuras como Lula da Silva.

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«En ese momento, muchos pensamos que lo hacía para diferenciarse de Felipe González«, declaran a este diario fuentes del departamento internacional del PP. «Pero ahora se está viendo que lo hacía por motivos ideológicos», añaden. «González apoyaba a partidos, pero Zapatero empezó a hacerlo a personas, priorizando el liderazgo personal y carismático, con toques populistas», apuntalan.

Aunque durante su Presidencia no llevó a cabo grandes movimientos en esa dirección -se dice que la segunda legislatura es en la que los presidentes se centran en la acción exterior, pero a él le tocó lidiar con la crisis económica-, ya realizó algunos gestos como condonar la deuda a países como Bolivia. De hecho, Evo Morales siempre le presenta como «Zapatero, el que nos perdonó la deuda y no pidió nada a cambio» cada vez que se ven.

A pesar de esos primeros movimientos, su vinculación actual con la realidad latinoamericana pegó el pistoletazo de salida en 2013, cuando acudió a Venezuela para mediar entre el Gobierno de Nicolás Maduro y la oposición al régimen chavista. Desde entonces, según dijo el año pasado en una entrevista con el exvicepresidente Pablo Iglesias, ha estado 38 veces en Caracas y 12 en República Dominicana como mediador.

En Venezuela hizo una labor de mediación encomiable para muchos y ayudó a la oposición a conseguir logros -como cuando participó en la negociación para que el opositor Leopoldo López pudiera seguir la condena de prisión en su casa-, pero también se le ha acusado frecuentemente de mostrar compadreo con el régimen de Nicolás Maduro. Tanto, que el Pollo Carvajal, uno de los altos cargos del chavismo caído después en desgracia, le acusó de tener una mina de oro.

José Luis Rodríguez Zapatero junto al presidente venezolano, Nicolás Maduro, el pasado 4 de octubre.


José Luis Rodríguez Zapatero junto al presidente venezolano, Nicolás Maduro, el pasado 4 de octubre.

PRESIDENCIA DE VENEZUELA

«Su contribución en Venezuela fue que se trabajase en una salida dialogada a la crisis y que no se resolviera con el enfrentamiento armado, ni con injerencias militares externas», defiende Gerardo Pisarello. Además, asegura que su trabajo, no sólo en Venezuela, sino en toda Latinoamérica, ha servido para beneficiar a España.

«Es seguramente el expresidente español que ha tenido una visión más latinoamericanista. No sólo ha sido un promotor de la unidad en el continente y ha conseguido que los gobiernos progresistas vean posible una alianza para el fortalecimiento, sino que ha conseguido que el continente pueda disiparse de parte de los recelos que tenían a la política española», comenta.

«Hay un sector de la izquierda para la que es un referente, una persona confiable que ha dado batallas que podían ser difíciles, un defensor de causas perdidas», reconocen desde el Partido Popular. «Esa izquierda radical le ha visto como modelo. Por ejemplo, en Chile ha sido un referente con temas como la Memoria Histórica o el matrimonio entre personas del mismo sexo», añaden.

«Pero ahora juega un papel fundamental en el planteamiento de ese nuevo orden. Y ahí hay muchos desencantados. Ya pasó la primera vez que visitó Venezuela. Estaba en un hotel y la gente, socialistas de la oposición, le empezaron a gritar ‘Zapatero, madura, esto es una dictadura’. Para personas que tenían como referente a Felipe González, fue una gran decepción», comentan.

Hacia la confederación

El Grupo de Puebla, que recibe su nombre por la ciudad mexicana, nació en 2019 como un grupo de WhatsApp y laboratorio de ideas en una especie de reacción al derechismo populista en Latinoamérica -personalizado en figuras como Jair Bolsonaro-. Pero las tornas han cambiado y ahora es el principal foro de la izquierda y el populismo de izquierdas en busca de la integración regional, con el expresidente español como uno de sus principales valedores.

Zapatero entró a formar parte de él en el año 2021 y, desde entonces, ha ido creciendo rápidamente para convertirse en un actor fundamental en el mismo. No sólo por sus premoniciones sobre los futuros electorales y la defensa de que la unión hace la fuerza, sino porque también se ha perfilado como uno de los impulsores de parte de su agenda.

No es el único español en ese foro. Entre sus filas también están las actuales ministras de Trabajo e Igualdad, Yolanda Díaz e Irene Montero, el exjuez Baltasar Garzón, la exportavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, y el secretario general del PCE, Enrique Santiago. Pero Zapatero destaca sobre todos los demás.

«Es una persona a la que se escucha con respeto», reconoce Pisarello. Ahí el expresidente tiene una especial relación con mandatarios como Lula da Silva, los colombianos Ernesto Samper y Gustavo Petro, Evo Morales, y los argentinos Alberto Fernández y Cristina Fernández Kirchner.

Un ejemplo de su influencia se vio la semana pasada, cuando Zapatero acudió a la reunión del Grupo de Puebla en la ciudad colombiana de Santa Marta. Ahí fue el principal defensor de que el grupo debía adherirse a la agenda feminista y, en sus conclusiones, salió definido como tal. «Las mujeres del grupo celebramos la iniciativa de los hombres de declararnos todos feministas, es un gran avance en la promoción de derechos», le reconoció la senadora colombiana Clara López.

Zapatero, en la reunión del Grupo de Puebla en Santa Marta, junto a Evo Morales, Dilma Rousseff y Ernesto Samper.


Zapatero, en la reunión del Grupo de Puebla en Santa Marta, junto a Evo Morales, Dilma Rousseff y Ernesto Samper.

EFE

En esa misma reunión, acabaron emitiendo un comunicado que apostaba, de nuevo, por esa suerte de confederación, de Estados Unidos de Latinoamérica, de acción regional frente a los problemas globales. «Con el nuevo panorama en Brasil, se despeja el camino para su retorno a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y para la reactivación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur)», rezaba el mismo.

Y ahí volvieron a saltar las alarmas de los detractores. Porque Unasur fue impulsada desde el chavismo en contraposición a la Organización de Estados Americanos. Recordaron también que en una reunión anterior, en diciembre de 2021, el Grupo de Puebla apoyó «la democracia en Venezuela», llamaron «al cese del embargo económico» de «los enemigos de la revolución cubana» y criticaron las sanciones a la familia Ortega que mantiene la dictadura en Nicaragua porque «perturban la democracia y generan un clima de radicalización».

«La izquierda populista latinoamericana tiene una característica, que es que una vez que llega al poder intenta mantenerse en él a toda costa, con procesos como cambiar la Constitución que están sucediendo actualmente», advierten desde el Partido Popular. Ahora, con las mayorías de izquierda conseguidas, habrá que ver qué papel jugará el expresidente Zapatero en adelante.



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