Rusia recluta tropas en Armenia, Osetia y el Pacífico tras perder 7.000 soldados en Ucrania



Cuando el pasado martes, el alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, excampeón del mundo de los pesos pesados, ordenó el toque de queda hasta la tarde de este jueves, era lógico temer lo peor. Después de tres semanas, tal vez había llegado el momento de la gran ofensiva sobre Kiev, de mover los blindados que formaban esa temible fila de cincuenta kilómetros y dejar de bombardear para intentar tomar la ciudad al asalto con la infantería. Es algo que, al fin y al cabo, se lleva esperando desde el primer día, cuando la inteligencia estadounidense calculó en 48-72 horas el margen de resistencia de la capital ucraniana.

El caso es que pasó el jueves y ahí sigue Kiev en pie y con la bandera azul y amarilla ondeando en sus edificios oficiales. Siguen los bombardeos, por supuesto, cada vez más intensos y más crueles, pero no hay rastro del ejército ruso en las inmediaciones de la ciudad, aunque se rumoree la presencia de cientos de mercenarios del Grupo Wagner, el considerado “ejército privado ruso”, en la capital. Una presencia de la que se lleva hablando desde antes incluso del inicio de la invasión, pero que no parece estar dando resultado alguno.

Según van pasando los días y se va retrasando esa supuesta gran ofensiva que acabe con Kiev, Járkov, Mariúpol y Odesa en manos de Putin, son más las voces expertas que critican el planteamiento estratégico de Rusia y ponen en duda que puedan completar su misión. El general estadounidense David Petraeus, militar al mando de las operaciones en Afganistán y en Irak, ponía este miércoles en cuestión la capacidad del ejército ruso de conquistar Kiev, mucho menos controlarla después.

En entrevista con la CNN, Petraeus calificaba algunas de las decisiones de los mandos rusos como propias de “incompetentes”, empezando por la propia acumulación de tanques ocupando kilómetros de carreteras, a la vista de todo el mundo, fácilmente atacables por drones y guerrilleros. Han tardado diez días en esconderlos en los bosques. Según el general, Rusia ha cometido un grave error de inteligencia al sobreestimar sus fuerzas y no tener un plan alternativo al de la victoria rápida. No hay una cadena de suministros digna de ese nombre y el armamento no es todo lo moderno que cabría desear.

Las bajas aumentan 

Si al principio de la guerra podríamos plantearnos si Rusia no tomaba determinadas ciudades porque no podía o porque no quería asumir riesgos, las crueldades cometidas durante esta última semana parecen indicar lo primero. No parece que Putin tenga el más mínimo respeto por la vida humana, sea de sus propios hombres o sea de los civiles y militares ucranianos. Se calcula que un 20-25% de las tropas de ocupación son reclutas sin formación militar previa. Hablamos de unos 40.000 o 50.000 postadolescentes sin experiencia alguna en conflictos de este tipo.

El total de bajas sigue subiendo día a día, aunque sea complicado manejar números exactos. Rusia reconoce 498 fallecidos, ni uno más. Ucrania sube esa cifra hasta los 14.000, probablemente una exageración. Fuentes de la inteligencia estadounidense citadas por The New York Times hablan de 7.000. Calculando 2-3 heridos por cada muerto, saldrían unos 14.000-21.000 soldados incapacitados para combatir desde el inicio de la guerra, a sumar, lógicamente, a los ya fallecidos.

En total, sería un 20% del contingente enviado a combatir, de ahí que se insista en buscar soldados de remplazo, incluso mercenarios, allí donde se pueda, incluso en Armenia, en Siria o entre las tropas desplegadas a lo largo de la costa oeste para proteger la frontera con el Océano Pacífico, tal y como apuntó esta semana el ministro de defensa británico, Ben Wallace.


Rusia ya ha perdido 7,000 soldados y recluta tropas de Armenia, Osetia y el Pacífico

El elevado número de bajas no va acompañado de ningún avance significativo. La inteligencia británica insiste en que el ejército ruso está estancado. En palabras del general italiano Claudio Graziano en entrevista con el diario El País: “Putin pensó que iba a ser una campaña rápida, barata y fácil, sin muchas pérdidas, ganando inmediatamente sus objetivos, pero ha resultado todo lo contrario”.

El presidente del Comité Militar de la Unión Europea coincide con Petraeus en la falta de recursos del ejército ruso: “No son tan fuertes como pensamos en términos generales. Son poderosos. Tienen una combinación de poder y tanques, pero no tienen el mismo nivel de desarrollo tecnológico que los países occidentales”.

Parte del desastre militar tiene que ver no ya con problemas tecnológicos -los temidos ciberataques que iban a colapsar la administración ucraniana no se han visto por ningún lado- sino con cuestiones básicas de comunicación bélica. Durante los primeros días, las comunicaciones privadas de los mandos rusos se hacían en frecuencias de radio sin codificar. Incluso podían seguirse por internet.

Ucrania presume de haber acabado ya con la vida de cuatro de los veinte generales rusos encargados de la invasión. Se rumorea que tal grado de precisión tiene que ver con que utilizaban teléfonos fácilmente rastreables vía GPS, lo que permitía ataques específicos a sus posiciones.

El fracaso aéreo

Con todo, lo que más desconcierta a los expertos es la incapacidad para imponerse de la aviación rusa. De nuevo según la CNN, Rusia dispone de 2.339 aviones y helicópteros militares por los 187 de Ucrania, pero las defensas antiaéreas están funcionando a las mil maravillas y se espera que la nueva remesa de armas aprobada por la administración Biden, que incluye misiles Stinger y Javelin, no haga sino poner las cosas aún más difíciles a los cazas y bombarderos rusos. La OTAN no puede establecer una zona de exclusión aérea, pues sería considerado un acto de guerra, pero puede armar a Ucrania para que ella misma se proteja, que es exactamente lo que está haciendo.

Buena parte del éxito de la exigua aviación ucraniana puede estar en el hecho de que casi todos sus aviones abandonaron sus bases antes de la invasión, siguiendo los informes de las inteligencias occidentales, logrando así esconderlos de los misiles rusos.

Recientemente, se ha hecho viral un vídeo de uno de los asesores militares del presidente Zelenski, Alexei Arestovich, que apuntaba ya en marzo de 2019 un 99,99% de posibilidades de un intento de invasión por parte de Rusia para 2021 o 2022. El mismo Arestovich, tal vez en un ataque de optimismo más que otra cosa, ha cifrado en dos semanas “salvo que algo inusual suceda” el tiempo que va a poder aguantar Rusia antes de rendirse.

En estas circunstancias, lo mejor que puede hacer Putin es intentar ganar tiempo para recomponer sus fuerzas y sustituir sus agotadas y diezmadas unidades. Las imágenes de tropas rusas abandonando sus posiciones en Osetia del Sur para dirigirse a Ucrania hacen pensar que tal vez las negociaciones y los famosos quince puntos no sean sino estrategias para rearmarse y volver al ataque. El problema para Rusia es que ese mismo tiempo lo puede utilizar Ucrania para hacer exactamente lo mismo y con armamento recién adquirido.

De momento, la petición de Rusia a China de ayuda militar no parece haber recibido respuesta. Al contrario, el embajador chino en Ucrania declaró en Lviv el apoyo de su país y prometió que “China nunca atacará al pueblo ucraniano”. Pekín sigue calificando todo de “mentiras estadounidenses” y se niega a descartar algo que, según su versión, ni siquiera se ha planteado.

Conforme crece la desesperación de Rusia ante la falta de avances, aumentan los ataques a civiles y la sospecha de uso de armas no convencionales que decanten de su lado la contienda. El general Graziano lo ve improbable, pero no lo descarta. Tampoco lo hace el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres. El uso de armas químicas en Siria no invita al optimismo en ese sentido. Nadie sabe qué puede hacer Putin si se siente acorralado, aunque si su idea era liberar a sus “hermanos” no parece que matarlos a todos sea la mejor idea.

Guerra Rusia -Ucrania



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