PP y PSOE, alarmados por la caída del bipartidismo, revisarán su estrategia para frenar la sangría



Hace años que se proclama el fin del bipartidismo, entendido como la hegemonía de los dos grandes partidos para turnarse en el poder con mayorías cómodas. PP y PSOE siguen turnándose, pero cada vez tienen más difícil formar mayorías estables en los diferentes gobiernos e instituciones.

El resultado de las elecciones autonómicas de Castilla y León es visto por dirigentes populares y socialistas como un paso importante en ese proceso de inestabilidad y, por ello, los comicios han sembrado inquietud, debate interno e incertidumbre en los dos grandes partidos pensando en cómo completar mayorías en el Congreso en futuras elecciones generales y cómo afrontar ese nuevo escenario.

Por el ascenso de Vox consolidando su 15% en diferentes comunidades, obligando al PP a pactos incómodos; por la falta de peso de Unidas Podemos que puede impedir al PSOE completar mayorías de izquierdas y, sobre todo, por el ascenso de candidaturas localistas como Soria Ya, Por Ávila y Unión del Pueblo Leonés, siguiendo lo pasos de Teruel Existe.

En los últimos años, el bipartidismo se quebró por la irrupción de Ciudadanos y Podemos que, en algún momento acariciaron la posibilidad del sorpaso al PP y al PSOE. Los dos grandes partidos aguantaron, pero esa fragmentación ya provocó dos repeticiones de elecciones.

Ciudadanos ahora está en fase de disolución y Unidas Podemos tiene resultados de la Izquierda Unida previa, pero el bipartidismo sigue quebrándose por la aparición de formaciones localistas y, además, los dos grandes partidos tienen cada vez más dificultades para cerrar mayorías estables con potenciales socios.

Nuevas estrategias

Fuentes del PP y del PSOE admiten que los resultados del domingo van a provocar cambios en sus estrategias y en sus posiciones para lo que queda de legislatura, pensando en las generales de finales de 2023.

Respecto a Vox, el PP ha constatado que el ciclo electoral que ha puesto en marcha hasta las generales le lleva a acuerdos inevitables en comunidades con la ultraderecha, que presenta contraindicaciones en su estrategia. Una vez reducido Ciudadanos al mínimo, Vox se confirma como rival electoral del PP, consolidando en varias comunidades el 15% de los votos que logró en las generales.

Los populares han gobernado con José María Aznar y Mariano Rajoy cuando el PP no rivalizaba con otros partidos en su espectro ideológico, con la única excepción de la legislatura de 2016 cuando se quedaron en 137 escaños y Ciudadanos tuvo 32 diputados con el 13% de los votos. Vox tiene 52 escaños con el 15% y con reparto más homogéneo en diferentes comunidades.

Ahora el PP no tiene más opción que llegar a los 176 diputados en 2023 sumando sus escaños con los del partido de Santiago Abascal, con las contraindicaciones que presenta incluso en sus relaciones con el Partido Popular Europeo que da la espalda a partidos de la ultraderecha de la UE.

Los planes de Díaz

Respecto al PSOE, el análisis de los resultados del domingo muestra que no sólo no hay retroceso de su candidatura por el desgaste del Gobierno, sino que además Unidas Podemos languidece en muchas comunidades, lo que puede hacer imposible que sumen para reeditar su coalición tras las próximas generales. La caída en Castilla y León vino precedida de malos resultados en Madrid, Galicia, Cataluña y País Vasco, en un proceso de caída sostenida.

Por eso, el resultado ha provocado también agitación en el espectro de la izquierda del PSOE. Pablo Iglesias ha avisado de que «no basta» el frente amplio de Yolanda Díaz para frenar el auge de PP y Vox y la vicepresidenta segunda ha escrito en Twitter: “Toca una reflexión profunda. La ciudadanía que quiere cambios y exige ambición de transformación está ahí esperando. Solamente tenemos que mirar al lugar correcto y estar a su altura”.

Fuentes de Unidas Podemos consideran conveniente que Díaz acelere sus planes para formar un proyecto político a la izquierda del PSOE. Su plan era cerrar en mes y medio el diseño de su “proceso de escucha” o recorrido por España, para presentar antes de final de año su proyecto. Uno de sus inconvenientes es que si las elecciones de Andalucía se celebran en otoño difícilmente podrá soslayar su participación en esa campaña como ha hecho en Castilla y León para preservarse.

El otro elemento de inquietud de los dos grandes partidos es el de la proliferación de candidaturas localistas. En este caso esas listas obtuvieron este domingo siete escaños, en línea con lo que ocurrió en su momento con Teruel Existe, que logró ser la lista más votada en esa circunscripción.

El domingo, Soria Ya logró el 42,5% de los votos en esa provincia, lo que supone tres escaños de cinco. Con esos datos en generales, uno de los dos grandes partidos quedaría sin representación en esa circunscripción que sólo reparte dos escaños al Congreso y donde los dos principales partidos se reparten siempre uno cada uno.

En las últimas generales, el PP llegó al 44,9% de los votos, casi los mismos que ahora ha tenido Soria Ya.

La candidatura España Vaciada no logró escaños el domingo, pero en Burgos tuvo el 5,57% de los votos, por encima de Ciudadanos y casi con los mismos votos que Unidas Podemos. 

Y eso que una de las razones en las que Alfonso Fernández Mañueco sustentó la convocatoria anticipada es que pretendía coger por sorpresa a las candidaturas de la llamada España vaciada para evitar que se organizaran.

Ahora, PP y PSOE coinciden en temer que la proliferación de esas candidaturas se extienda a otras comunidades y provincias, como Jaén o Cuenca, entre otras.

Financiación autonómica

Fuentes del Gobierno aseguran que ese resultado en Castilla y León les obliga a un análisis de sus prioridades y estrategias, conscientes de la necesidad de volcarse en esas provincias y de matizar la presencia en sus agendas de asuntos referidos, por ejemplo, a Cataluña.

La traslación de ese análisis tendría reflejo, por ejemplo, en la próxima revisión del sistema de financiación autonómica, con criterios diferentes a los tradicionales, empezando por el peso en votos de opciones nacionalistas o independentistas de las llamadas comunidades históricas, que hasta ahora garantizaban las investiduras y los gobiernos cuando no hay mayorías absolutas.

El voto a esas listas y el voto a Vox es visto por los dos grandes partidos como una canalización del enfado ciudadano.



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