Mundial de Qatar: Inglaterra despega como un tiro ante Irán | Mundial Qatar 2022



No se demoró Inglaterra, que despegó como un tiro en Qatar. Fundió a Irán con una zurra considerable, puño de hierro, palo a palo. De nada la sirvió al conjunto persa un sobrepeso defensivo. De mucho le sirvió a Inglaterra su escuadrón ofensivo. No necesitó jugar, le bastó con atacar. Del resto se encargó el equipo del portugués Carlos Queiroz, sorprendentemente ingenuo para ser el más veterano del torneo. Y no le falta recorrido al propio Queiroz, con cuatro Mundiales en la mochila, a solo uno del récord del brasileño Carlos Alberto Parreira. Como cierre, la enésima estupidez de ese artefacto que es el VAR en manos de quién sabe quién. Para el 6-2, en la última milésima del encuentro, un penalti que fue un diminutivo de penaltito, o menos aún. Delirantes tiempos, tiempos de gloria para el cada vez más copioso pelotón arbitral. Resulta que el sector que debiera ser el más transparente y preciso del tinglado es el más babélico. De traca.

El duelo comenzó con gestos inequívocos. Rodilla en tierra de los ingleses y silencio de los jugadores iraníes, mudos al sonar el himno. No al racismo y no al régimen iraní tras la muerte de la joven kurda Masha Amini. Después de los elocuentes prolegómenos, el fútbol tardó en llegar.

El partido comenzó de forma accidentada. Todos en un campo de minas. Todo el mundo chocaba, el personal se iba constantemente a la lona, se anudaban unos a otros. Fútbol en un patio de recreo. Hasta que se desplomó Beiranvand, portero de la selección persa. Un trompazo con su camarada Hosseini le dejó sonado, muy sonado, cerca de un cuarto de hora. El chico intentó sobreponerse, pero se desmoronó. Poco después lo haría todo el conjunto iraní, arrollado en un periquete por la carga rival. Fin de la contienda.

Ordenó Gareth Southgate un 4-2-3-1, con Rice y Bellingham de sostenes en el gabinete de medio campo, Mount de enganche con Kane y Saka y Sterling como aspiradores por los costados. Frente a un adversario enchironado con cinco guardianes y cuatro brigadas por delante, a Inglaterra le costó dar con el desenlace. Lo marcó Maguire, un central de forro grueso de lo más chocante: es mejor cerca de la portería ajena que de la propia.

A la media hora, con el encuentro aún muy pedestre, el capitán del United cazó al vuelo un cabezazo que atizó el larguero de la meta de los de Queiroz. La ruta era aérea. Al instante, Bellingham clavó el 1-0. De cabeza, por supuesto. Y de inmediato, Saka grapó el 2-0 con una asistencia de Maguire de cabeza, claro. También por los aires ganó Kane un asalto que derivó en el 3-0, abrochado por un complejo remate de Sterling.

Irán, crispada y fundida. Nada que ver con la selección que en Rusia 2018 casi provoca un soponcio a España y Portugal. Solo buscó la trinchera y lo hizo con monaguillos, nada que ver con el edadismo que la significa. Queiroz intervino al descanso y durante un tramo rebajó la defensa a cuatro en línea. Dio igual, el martirio siguió.

A esta Inglaterra le distingue su arsenal. Southgate dispone de una más que notable batería de delanteros para afiliarse a Kane. El capitán también es alguien fuera del área. Lo mismo que sus socios dentro. De hecho, en la goleada a Irán no mojó Kane, al contrario que Sterling, Saka, Bellingham, Rashford y Grealish. Cualquier día lo harán Foden o Mount. Y Kane, obvio.

Tal es el batallón que tras relevar a los cuatro atacantes se mantuvo el torrente de goles. Ocurre que Southgate tiene que hilar fino para que el equipo no se le descompense. Cuenta con el muy competente Rice y el emergente Bellingham como anclas, pero habrá que medir a Inglaterra cuando lleguen las cumbres y tenga que remangarse en defensa. Frente a Irán le bastó con la pegada. De tralla se intuye que va sobrada. Por aire y por tierra. Llegado el segundo acto ya no requirió de la receta de Maguire. Saka, un diablillo de 21 años, mandó al garete a toda la zaga iraní, expectante más que reactiva, y selló el 4-0. También hubo paseíllo iraní para el quinto y el sexto.

Para Taremi quedó el único consuelo de Irán con dos migajas. El ariete del Oporto marcó los dos tantos. El primero muy bien articulado. El segundo, una deriva de la ñoñería arbitral. A los de turno les dio por explorar uno de los miles de enganchones que se dan en las áreas. Vaya usted a saber el motivo. Lo peor es que no lo explicarán. Y de hacerlo pudiera ser peor. Se escucharían mil versiones diferentes.

Para entonces ingleses e iraníes ya suspiraban por bajar el telón. Lo mismo que la gente en las gradas, con un frío acondicionado de aúpa cuando en el exterior se registraban 26 grados. Cosas de este insólito Mundial en el que Inglaterra, una de las cabecillas, sacó músculo. Irán nada tuvo que decir en el campo. Sí que lo hizo en el preámbulo, ahí sí que dejó huella e hizo por ganar su partido más importante, el que dirime su pueblo.

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