MotoGP asiste al enésimo retorno de Marc Márquez: “Es mi último cartucho” | Deportes



Vuelve y lo primero que hace es saludar a todo el mundo. La sonrisa le delata, y contagia a quienes se le cruzan. “Vamos a divertirnos”, dice cuando aparece en el garaje de su equipo. Es Marc Márquez, buque insignia del Mundial de MotoGP, en su quinto retorno a la competición en dos años –que si el brazo, las caídas, la diplopía–. El Gran Premio de Aragón es para él una segunda casa, a apenas dos horas de su natal Cervera. Dice que no quiere apretar al máximo, no vaya a precipitarse, pero corre como siempre, puro instinto por mucho tiempo que haya estado alejado de su mejor forma. Después de tres meses y medio de convalecencia por su cuarta y, espera, última operación en el brazo derecho, conecta desde el primer minuto con el ritmo de los mejores, aunque este año unas pocas décimas son todo un mundo. Decimotercero en la parrilla, su tiempo en la Q1 fue tan solo dos décimas más lento que cuando se clasificó cuarto el año pasado. La pole position de Pecco Bagnaia, que reventó el récord del circuito, le quedó a casi un segundo.

“Entiendo que la gente esté ilusionada por mi regreso, pero el que más lo está soy yo, y espero que sea la definitiva, porque al final es casi el último cartucho para este brazo”, reconoce. Después de varios sustos, alguna salvada de las suyas y una caída de la que salió ileso durante las sesiones de entrenamiento, sus compañeros y rivales no se sorprenden, y tampoco compran la prudencia de un tipo que jamás ha dejado de hacer barbaridades sobre la moto, esta la última de ellas. Fabio Quartararo, que partirá sexto, hasta le ve luchando por la victoria. “Ya sabemos cómo es”, avisa el vigente campeón.

En definitiva, todos en el paddock se alegran por él y entienden, además, la importancia de su figura para animar un certamen emocionante, pero falto de superestrellas. En MotorLand, su mera presencia, anunciada el martes a última hora, ha logrado catapultar la venta de entradas. “Empiezo yo directo, sin que preguntéis” bromea Aleix Espargaró, cuarto clasificado para el domingo, con los periodistas. “Ha sido un lujo verle, y estaba seguro de que iría rápido”. Aunque es el mismo, como reconocía su inseparable jefe de mecánicos, Santi Hernández –”Marc no cambia, sigue siendo una persona súper positiva”–, el enésimo retorno del octocampeón viene acompañado de cambios significativos.

Con el brazo ya puesto

Seguía apretando y llegó a ganar carreras, pero el dolor que sentía Márquez por culpa del húmero, desde su caída nefasta en Jerez 2020, no era normal. Tampoco lo era la posición del hueso, 30 grados torcida respecto a lo que establece la anatomía humana. Tardó en digerir el asunto, pero Alberto Puig, que se ha operado hasta 50 veces de su pierna izquierda destrozada en Le Mans en 1995, 15 de ellas en la clínica Mayo de Rochester (Minnesota), le recomendó visitar a los especialistas de Estados Unidos para poner fin a su calvario con el brazo. Los médicos no daban crédito ni entendían cómo competía todavía.

El paso por el quirófano fue un éxito y el de Cervera lo sintió casi de inmediato. Sonreía al mundo a través de las redes sociales tras el postoperatorio, y no ha dejado de hacerlo desde entonces. “Yo ya he ganado, en la vida normal, en el día a día. Ahora, lo que tengo que ver es si también gano en la vida profesional, encima de la moto”, explica. Su decisión de parar en Mugello era a todo o nada, después de entender que no podía seguir hipotecando su futuro. El plan se ha cumplido a rajatabla, paso a paso, si bien ha sido capaz de superar las expectativas de los doctores en cuanto a su retorno competitivo.

Aunque se esconde en la prudencia, una virtud que no exhibió cuando tomó decisiones precipitadas en sus anteriores regresos, el ritmo que exhibe en Aragón demuestra que todavía está para competir con los mejores. “El próximo invierno es donde debo entender cuál es mi límite, qué me permite hacer el brazo”, zanja sin entrar al trapo. Todo apunta a que le permitirá ser tan rápido, haya cambios o no en su estilo de pilotaje, como en el pasado.

Del pueblo a la urbe

Otro cambio, buscando aire fresco en su vida, tanto a nivel personal como profesional, ha sido su traslado a Madrid. Eso sí, “Cervera y mi gente son sagrados”, recordaba a principios de curso. Su mudanza ha seguido a la de varias personas clave en su círculo de confianza, que ha sumado nuevos activos importantes y alguna baja sonada. Emilio Alzamora, su agente de toda la vida, pactó su desvinculación de los hermanos Márquez tras casi dos décadas al frente de sus negocios. Ellos reconocieron “el desgaste normal con el paso de los años”, aunque la decisión reviste ganas de dar un nuevo empujón a su imagen.

La irrupción de Jaime Martínez, hasta hace bien poco responsable de marketing de motor de Red Bull España, ya se ha dejado notar en los primeros vídeos de promoción de su regreso al ruedo. No es baladí el uso de uno de los grandes activos de la marca de bebidas energéticas, también vecino suyo en Pozuelo de Alarcón, para relanzar su figura. El nuevo Marc, más urbanita, busca abrirse al mundo, construir una marca global que pueda replicar la influencia que otros grandes campeones con palmarés similar han tenido alrededor del planeta, sin ir más lejos Valentino Rossi.

Igual que el amarillo fluorescente de Il Dottore cubrió las gradas de todos los rincones del planeta, igual que lo hacen ahora los aficionados holandeses con Max Verstappen y su marea naranja en la Fórmula 1, una de las misiones es generar una marea roja que apoye con fervor renacido al 93. Otra piedra para reconstruir su imagen será el próximo estreno de una serie documental de cinco episodios en Prime Video, que contará a través de momentos inéditos el tremendo 2022 que está viviendo el de Cervera.

Nuevo enfoque en Honda

Para recuperar la forma ganadora, Márquez ha recordado ya varias veces a Honda que él no es un obrador de milagros: “Puedes ganar uno, dos o tres grandes premios con alguna proeza, pero los títulos los gana un equipo”. A pesar de perderse ocho carreras este año, reaparece en Alcañiz como la mejor moto de los japoneses, encallados en una crisis de resultados sin precedentes. “Dos fábricas son la referencia”, dice él sobre la nueva hoja de ruta. Ducati y Aprilia lideran el subidón europeo en el certamen y desde el Pacífico empiezan a ponerse las pilas.

“Cuando un equipo con tanta historia nota que algo no funciona, toca hacer una revisión completa. Vamos a cambiar un poco de todo”, concede Takeo Yokoyama, director técnico de HRC y encargado de diseñar un prototipo rompedor de cara a 2023. “Hemos identificado lo que debemos cambiar, y toca trabajar todos más que nunca en la misma dirección”, apunta Hernández desde el garaje. Allí, este mismo fin de semana, Honda ha puesto a disposición de su puntal un basculante de aluminio nacido en una pequeña fábrica alemana. Era uno de los secretos mejor guardados, y de la sinergia inédita entre

Kalex y el coloso de Hamamatsu, hasta hace bien poco reticente a montar partes tan esenciales de terceros, se entiende que el proyecto se mueve hacia donde él pide.

De no ser así, y de no lograr resultados, suena ya la opción de un cambio de aires todavía más radical por parte del octocampeón del mundo. 2023 es su último año de contrato y él no se esconde cuando señala a los italianos como el ejemplo a seguir para todo el mundo. “Ves cómo van las otras motos y tenemos que trabajar”, resume.

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