Los cinco jinetes del apocalipsis sanitario


Pasan las semanas y nos vamos alejando del último envite del virus a principios del verano. Ante la ausencia de nuevas amenazas en el horizonte -incluso la misma OMS vaticina ya el final de la pandemia-, se puede ir sacando la cabeza. Y, ahora sí, viendo la huella que sobre nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) han dejado estos dos y años y medio de pandemia.

En realidad, el deterioro de nuestro sistema sanitario público es algo que venía anunciándose desde hace 30 años, a través del informe que por entonces emitió la Comisión Abril, y venía ya gestándose de facto desde la crisis económica del año 2008.

Imagen de archivo de una sala de espera de la sanidad española.


Imagen de archivo de una sala de espera de la sanidad española.

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La falta de recursos financieros para mantener lo que había hasta entonces, junto con la llegada de nuevas oportunidades tecnológicas y científicas a las que no teníamos acceso, hizo que nuestra oferta sanitaria se fuera alejando cada vez más de las posibilidades teóricas a las que podríamos aspirar en nuestro Estado de Bienestar.

Lo que ha hecho la pandemia es acelerar ese deterioro para llevarlo hasta el punto en el que nuestro sistema sanitario y sociosanitario -pese a que, políticamente, se sigue vendiendo como si fuera el summum de la calidad, del servicio y de la excelencia- ha dejado de ser un verdadero escudo de protección social para la sociedad.

En esta tribuna voy a exponer los que, en mi opinión, son los 5 males que aquejan a nuestro Sistema público de Salud. Males objetivos, y que, por tanto, no admiten discusión, ni cabe para ellos otra interpretación más allá del padecimiento que implican para todos los ciudadanos.

[Por qué las listas de espera sanitarias no son fiables: así maquillan los datos las Comunidades Autónomas]

1. Las listas de espera

Han existido siempre, pero el bloqueo de la actividad sanitaria producido por la pandemia ha hecho que se hayan disparado hasta niveles incontrolables. De cierto sabemos que entre la lista de espera para una consulta con el especialista, las listas de espera para pruebas y resultados y la lista de espera para tratamiento quirúrgico hay aproximadamente 5 millones de personas que, para completar todo el proceso, deben esperar entre 12 y 18 meses de media. Y ello sin que exista muchas veces la opción de priorizar unos procesos sobre otros por cuestiones de gravedad.

A esto, en la actualidad, hay que sumar lo que hasta ahora no había ocurrido: la ruptura de la vía de acceso al sistema sanitario a través de una atención primaria que se ha quedado rota por la pandemia. Esto supone que haya listas de espera allá donde no es posible medirlas, es decir, antes de que los pacientes entren en el sistema.

2. La falta de información fiable

De la pandemia, por un motivo u otro, se deriva el exceso de mortalidad que venimos padeciendo y denunciando desde hace meses sin que seamos capaces de saber de forma fiable lo que esta ocurriendo y contra qué podemos actuar.

En el año 2020 se perdieron 1,6 años en la esperanza de vida de nuestro país. Y todavía en el año 2022 tenemos un exceso de mortalidad respecto a la esperada de más del 10% (más de 30.000 fallecidos extra) que habrá que ver como impactan en los indicadores de Salud junto con lo ocurrido en el año 2021.

La insuficiencia de información, fruto del mantenimiento de un sistema analógico y descoordinado, hace que no estemos en disposición de tomar los mandos de la situación, pudiendo actuar allá donde pueda ser más útil y estando en manos de los vaivenes externos a nosotros. Es decir, de repetirse nuevamente una pandemia, seguiríamos a ciegas.

[700.000 españoles en lista de espera quirúrgica, el peor dato de la historia de la Sanidad Pública]

3. La falta de acceso a la innovación farmacéutica

Fruto del colapso padecido por la pandemia, que hacía imprescindible priorizar lo urgente a lo importante (junto con un sistema para poder acceder a las innovaciones farmacéuticas cada vez más enrevesado y burocratizado y una política de ahorro basado en sistemas subjetivos) tardamos más de 500 días en financiar los nuevos fármacos. Cuando los financiamos, apenas sólo se financia el 50% de ellos finalmente y para menos del 50% de las indicaciones que se contemplan desde la Agencia Europea.

Esto condiciona un clarísimo perjuicio de las posibilidades terapéuticas de nuestros enfermos y condiciona un agravio comparativo que hace que a día de hoy si quieres obtener ciertos medicamentos tienes que irte a Alemania o a otros países de nuestro entorno en donde la innovación se asume con mucha más facilidad

4. Las guías de práctica clínica

Al alimón de la falta de acceso a las innovaciones farmacéuticas la semana pasada denuncié en mi post personal de LinkedIn la falta de actualización de las guías de práctica clínica en nuestro país. Por ello, gran parte de las innovaciones tecnológicas estén fuera de la cobertura de nuestro SNS.

Así, según se recoge en la web del Ministerio, de la comisión Guía de Salud donde se recogen estas guías sólo se encuentran debidamente actualizadas 34 de las 191 que están publicadas. La media de tiempo que llevan sin actualizarse es de más de 10 años.

Si tenemos en cuenta la velocidad que lleva en los últimos años la innovación tecnológica, que nuestras guías clínicas estén afectadas por esos retrasos en la actualización puede explicar bajo qué criterios se trata a nuestros pacientes en nuestro sistema de Salud

[Abarca (IDIS): «Si no queremos que se deteriore el sistema sanitario, necesitamos un pacto político por la sanidad»]

5. La atención a nuestros mayores

Si algo ha salido a la luz con la pandemia es el nivel de atención que tienen nuestros mayores en el sector sociosanitario actual. Nuestro sistema de protección social, no ha querido asumir que, gracias a los avances científicos y tecnológicos, el envejecimiento y la cronificación de las enfermedades es una realidad en la gran mayoría de las personas mayores. Por tanto, no tiene ningún sentido -salvo para excluirlo de la financiación pública- segregar al paciente mayor por su edad, mandándole al sistema sociosanitario, del paciente enfermo crónico mayor, que realmente sigue necesitando de servicios sanitarios puros. El enfermo mayor, es primero enfermo y después mayor, porque la enfermedad no tiene por qué formar parte de su idiosincrasia

El tiempo lo dirá, pero mucho me temo que, tal y como están las cosas, no va a ser posible revertir esta situación dentro del marco actual. Lo que hace tres años se resumía en la necesidad de hacer reformas, actualmente necesita una auténtica refundación de nuestro sistema sanitario y social que cree un marco nuevo en el que poder gestionar estos problemas.

Y, créanme, que con voluntad sería posible hacerlo todavía.

El problema es que el fin de la pandemia no va a permitir que se reconduzca la situación por sí sola. O poniendo parches. Porque, antes de la Covid, los jinetes ya avanzaban de forma imparable. Ahora ya están desbocados, y todo va a ir a peor si seguimos por esta senda.

*** Juan Abarca Cidón es presidente de HM Hospitales y de la Fundación IDIS.



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