Lewandowski goza ante la desdicha del Elche | LaLiga Santander 2022


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El partido, condicionado por la expulsión de Verdú al cuarto de hora, sirve al polaco para sumar dos nuevos goles en el plácido triunfo del Barcelona

Lewandowski, con Balde, este sábado.
Lewandowski, con Balde, este sábado.QUIQUE GARCÍAEFE

El fútbol es nuestra metadona porque es divertido, pero sobre todo trágico. Y quizá nada enganche más que la desdicha. [Narración y estadísticas]

La sufrió el Elche ante un Barcelona que se limitó a gozar al compás de los martillazos de Lewandowski (dos goles más, ocho en la Liga), y en un Camp Nou que se le vino demasiado rápido encima. Con justicia, le expulsaron a Verdú, uno de sus tres centrales, al cuarto de hora. Se desquició con Kessié, cuyos brazos, más que extremidades, parecían quijotescas aspas de molino. Y vio cómo a Francisco, su entrenador, el árbitro lo sacaba del partido antes del descanso tras hartarse a reclamar fueras de juego en los goles azulgrana. El VAR aprobó los dos primeros -Lewandowski y Memphis- y negó otro a Pedri, precisamente el que desembocó en la roja al técnico visitante.

En la soleada tarde barcelonesa, Xavi Hernández pudo pasar página a esa caída en Múnich en la que el elogio de la derrota se hizo norma. Los cinco cambios en el once (entraron Eric García, Balde, De Jong, Kessié y Memphis por Christensen, Marcos Alonso, Busquets, Gavi y Raphinha) ayudaron a revitalizar a un Barcelona al que se le abrieron los mares en el primer pestañeo.

De Jong, muy despierto esta vez como mediocentro, habilitó con gracia a Lewandowski. El polaco se fue como un demonio hacia la portería de Badia cuando Verdú optó por agarrarlo y tirarlo al suelo. Al árbitro Muñiz Ruiz no le quedó otra que expulsarlo.

Los futbolistas del Elche, sin embargo, reclamaban también justicia por el recurrente braceo de Kessié. Boyé salió mal parado y con la nariz ensangrentada y hecha unos zorros tras un primer impacto que se saldó con tarjeta amarilla. Después, ante la insistencia del marfileño en estirar las aspas sin recato alguno, Fidel y John Nwankwo trataron de arrancarle sin éxito la roja. No tuvieron suerte. Pero, por si acaso, Xavi ya no dejó a Kessié que saliera tras el entreacto. Su partido, más allá de todo eso, le arrimó al despropósito.

Por entonces ya había resuelto el Barcelona la tarde con suficiencia. Quizá no pudiera ser menos ante un Elche que llegaba al Camp Nou como último clasificado y con dos goles a favor como único botín esta temporada. La única vez que se acercó a Ter Stegen fue en el minuto 90. Al portero alemán le creció el pelo de tanto esperar.

Del tanto inaugural azulgrana se responsabilizó Lewandowski, al que no le hizo falta siquiera rematar, sino abalanzarse hacia la pelota que le puso Balde con suma precisión. Volvió a comparecer el imberbe carrilero para encontrar a Memphis en el 2-0. El neerlandés, después de rechazar su salida en el mercado estival y pese a ser consciente de que su rol nada tiene que ver con el de antaño, aprovechó la jornada para sublevarse. Su gol aunó arte y rabia. Giró con la suela como eje y, ya de cara al portero, coronó con el alma.

El Elche, hundido, no pudo más que parapetarse atrás, confiar en que Badia parara cuantas pudiera (hasta seis), y esperar a que el Barcelona bajara el ritmo en el segundo tiempo al compás del ingreso de relevistas como Ansu y Ferran Torres. Antes, eso sí, Lewandowski cazó el 3-0 en una acción que había iniciado Dembélé, quien reclamó un sitio en el equipo pese a estrenar paternidad la pasada noche.

Dembélé, tan incomprensible como enigmático -una anomalía en una sociedad que premia el exhibicionismo- no quiere perderse nada de esta nueva etapa que el Barça está disfrutando de lo lindo.

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