La vida sigue igual el primer día sin huelga en las urgencias de Villaverde: “Lo siento, los enfermeros no podemos recetar” | Madrid



Nada más meter la llave en la cerradura, una mujer toca la espalda del hombre de uniforme: “Disculpe, ¿me pueden atender? Es que pedí cita en mi centro de salud, pero hasta el jueves no me ven y me he puesto peor”. Se dirige al enfermero de guardia en las urgencias extrahospitalarias de Villaverde, un distrito del sur de Madrid. Es viernes, son las cinco de la tarde y él acaba de abrir el centro. “No sabemos si habrá médico o no. ¿Podéis esperar un ratito a ver si viene?”, le explica el profesional sanitario. Por el momento, solo están él, una celadora y otra enfermera a la que han avisado a última hora para incorporarse al turno. Tres horas después, sigue sin haber médico y es poco probable que llegue, porque en el centro 24 horas de Villaverde, o servicio de urgencias de Atención Primaria, como se ha llamado hasta ahora, como en muchos otros de la capital, hace ya semanas que no lo hay. La novedad de este viernes es que es el primer día, desde el pasado 7 de noviembre, en el que no hay huelga de médicos.

“Ya ves, cinco y cuarto y me acaban de llamar solo para decirme que me volverán a llamar si hay un médico disponible”, se queja el enfermero. No quiere dar su nombre, y sus compañeras tampoco. Tienen órdenes de la administración de no hacer declaraciones y temen represalias si las desobedecen. En la entrada, todavía hay pegados dos carteles, ya descoloridos, de las protestas vecinales de este verano para que reabrieran las urgencias extrahospitalarias, cerradas en la primera ola de la pandemia. “Urgencias cerradas. Tu salud vendida”, rezan. Reabrieron, dos años después, pero con la mitad de personal. Por eso, el sindicato de médicos (Amyts), el mayoritario en el sector, convocó una huelga indefinida: pedían que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso revocara el plan de reapertura propuesto, sin facultativos en los 80 centros reabiertos, y que ha finalizado este jueves con un acuerdo entre ambas partes.

Los médicos “han salvado” los antiguos Servicios de Atención Rural (SAR), que con el plan impuesto por la Consejería de Sanidad estaban, según el sindicato, en peligro de extinción, ya que se quedaban, con suerte, con un solo médico. De hecho, muchos habían cerrado por primera vez desde que se abrieron en 2005 por falta de personal. Ahora habrá equipos que volverán a funcionar por autogestión, aunque con un número menor que antes de que echara a andar esta reorganización el pasado 27 de octubre. Las condiciones laborales también han mejorado: en lugar de entrar a las tres o cinco de la tarde, lo harán en su mayoría a las nueve de la noche, como antes del conflicto. Y volverán a hacerse cargo de las noches, los fines de semana y los festivos, a cambio de compatibilizar su trabajo con su vida personal.

Pero no todo han sido ganancias. Se han quedado en un limbo 29 centros, como el de Villaverde: la Consejería de Sanidad asegura que se abrirán igualmente, aunque con personal de enfermería. Lo cierto es que ese detalle todavía está en discusión, ya que esa cuestión formará parte de las negociaciones de la mesa sectorial, donde también participan el resto de sindicatos que no formaban parte del comité de huelga (Satse, CC OO, CSIT UP y UGT).

María Jiménez, de 78 años y vecina de Villaverde, se ha acercado al centro una hora después de que abriera. “Esto va a continuar así o lo van a cerrar”, pregunta. Le responden que no lo saben, pero que en principio se va a quedar como está. Sin médico. “Ya podían abrirlo como antes, que funcionaba bien. Los vecinos estamos muy cansados. Y en los centros de salud te dan cita para dios sabe cuándo. Lo mismo en el hospital”, critica. Y se va. Entre las cinco y las ocho y media de la tarde siete personas entran en la sala de espera del centro y a ninguna se le puede atender.

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Primero, llegan una mujer mayor y su marido. Ella se ha caído y casi no puede caminar. Pero al entrar al centro se lleva una sorpresa. “Nosotros no podemos atenderla. Somos enfermeros y celadores, vaya al centro de salud”, le dicen los sanitarios. Después, aparece un chico joven, al que le dolía una muela y se agarraba la mandíbula con fuerza: “Me duele mucho, denme algo”. De nuevo: “Lo siento, los enfermeros no tenemos la potestad recetar”, le contestan. A los pocos minutos, se acerca una chica llorando y con un pañuelo en la mano. Necesita un parte de lesiones, pero sin el médico, los profesionales tampoco pueden hacer nada. Y así ocurre con todos. Hasta las nueve de la noche les remiten al centro de salud Los Ángeles, pero a partir de esa hora cualquier urgencia tendrá que ser derivada al hospital.

Es lo que ha ocurrido con Sergio. Ha entrado tambaleándose, con una herida ensangrentada en la frente, una mochila a la espalda y la mirada perdida.

―Tengo dos costillas rotas, ya no puedo más.

―¿Se ha caído usted?

―Sí, en el metro.

Se mira las manos, murmura, se tapa los ojos y baja la cabeza. Lo pasan a la consulta para explorarle el torso y limpiarle la herida. Tarda poco en salir, y le explican que ya han llamado a la ambulancia y que vendrá a recogerlo. Su voz suena áspera y tose a ratos. Una de las enfermeras sale de vez en cuando para comprobar si está bien, y estira el cuello para ver si ya ha llegado la ambulancia. A la media hora por fin se ve la luz amarilla de la sirena y todos respiran aliviados. No ha pasado nada, pero los profesionales se lamentan de lo que pueda pasar cuando sí ocurra algo grave y no haya un médico presente.

La postura de Amyts al respecto sigue siendo la misma desde que comenzaron las negociaciones: quiere que todos los centros que tengan la denominación de urgencias extrahospitalarias estén bien dotados de personal de las tres categorías (médicos, enfermeras y celadores). Esa parte se ha conseguido con el acuerdo, aunque solo en 49 centros, y con algo menos de dotación en cada SAR, ya que antes, de media, contaba con unos seis médicos cada uno. Ahora pasarán a cuatro o cinco. A cambio, ha conseguido aglutinar de nuevo a los médicos, garantizar que los centros rurales se sigan autogestionando, aunque peor que antes, y que los horarios vuelvan a su estado original.

La Comunidad también gana

La Administración también ha ganado y perdido por el camino. Ha renunciado a su modelo del 1-1-1, que consistía en romper los grupos formados hasta ahora en los SAR y que los 80 centros tuvieran un médico, una enfermera y un celador, como había prometido una y otra vez la presidenta Ayuso. Pero lo cierto es que durante las últimas semanas ya había asumido que la falta de médicos le obligaba a reestructurar su plan original. Por eso, ya estaba sobre la mesa la opción de abrir 49 centros con médicos y el resto con enfermeras. A lo que sí le ha obligado el pacto que se firmó este jueves para desconvocar la huelga ha sido a renunciar a desmembrar los SAR y a aceptar que médicos del Summa 112 puedan pasar a atención primaria de forma voluntaria (previa negociación para evitar un aluvión de peticiones). Eso sí, mantiene su nuevo modelo y la posibilidad de dejar 29 centros en manos de las enfermeras.

Por el camino se han quedado varios modelos y ningún implicado contento del todo. Lo que ha conseguido Amyts alivia la situación de los médicos de los SAR desplazados por obligación en las últimas semanas, pero asume que el resultado es peor que lo que tenían antes de que se pusiera en marcha toda la reestructuración. También queda la sensación de que el primer plan presentado en junio para reestructurar las urgencias extrahospitalarias, que consistía en dejar igual los SAR y abrir solo 17 Urgencias de Atención Primaria (SUAP) de los 37, siete de ellos sin médico, era mejor para las condiciones de los médicos y los ciudadanos que el actual. Ahora habrá 29 centros sin médico, y no siete, y se han perdido 30 facultativos que ya han renunciado a su puesto de trabajo.

A las nueve de la noche, el reloj de la sala de espera del centro de Villaverde todavía marca las cinco y cuarto pasadas. Es como si el tiempo se hubiera detenido. O así lo sienten los dos enfermeros y la celadora, nada ha cambiado y no parece que vaya a hacerlo. En el acuerdo entre la Comunidad de Madrid y el Comité de Huelga ―formado por representantes del sindicato médico Amyts y facultativos afectados― para desconvocar los paros de los doctores que trabajaban en las urgencias extrahospitalarias han ganado y perdido todas las partes. “Es lo que tienen las negociaciones, que no siempre te dan el 100%”, ha admitido Ángela Hernández, secretaria general de Amyts, presente en los encuentros.

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