La Veronal: el triunfo internacional de la nueva danza española | Cultura


“El teatro, como espacio físico y mental, ha sido mi hogar durante los últimos 15 años. Saber que existe me hace sobrellevar mejor este mundo y la vida”. Eso asegura el coreógrafo y director Marcos Morau (Ontinyent, Valencia, 40 años) sobre el escenario, lugar en el que ha venido materializando sueños con su compañía La Veronal, radicada en Barcelona, y al que ha decidido ahora rendir homenaje en su última y muy sofisticada creación Opening Night, con la que llega esta semana, del 16 al 20 de febrero, al Centro Cultural Condeduque de Madrid. “Crearla ha sido casi como una obligación: darle las gracias por existir, sacar a los monstruos de fiesta y al mismo tiempo morir con ellos”.

Hay un universo veronal en el que se encadena la significativa decena larga de trabajos que Morau ha venido estrenando con su compañía desde sus inicios pero, a su vez, cada uno de ellos parece único, distinto y siempre un peldaño arriba en una trayectoria meteórica e inusual que transformó al que fuera acomodador en el Mercat de les Flors de Barcelona en el coreógrafo insignia de esa misma casa, hoy ya convertido en una referencia insoslayable de la nueva danza europea. El verano pasado quedó demostrado cuando escuchó ovaciones para Sonoma, su anterior coreografía, en la plaza más difícil y exigente: el Palacio de los Papas del Festival de Aviñón, justo antes de la temporada exitosa que han tenido recientemente en otro templo mundial de la danza, el teatro Chaillot parisino.

Marcos Morau, retratado en Madrid en 2019.
Marcos Morau, retratado en Madrid en 2019.Carlos Pina

Aunque en su interior Morau titubee a la hora de definir y delinear su propio talento, los de fuera sí creen que lo conocen, reconocen y, lógicamente, codician. A la larga y complicada agenda de La Veronal, que va moviendo por teatros relevantes de toda Europa tres producciones (Pasionaria, Sonoma y Opening Night), se suma la suya propia con una avalancha de encargos que le impedirán tener nueva producción con su compañía este año. Acaba de ingresar en el selecto club de los coreógrafos invitados por el Nederlans Dans Theater (NDT) holandés, para el que acaba de montar Folkå, y queda pendiente aún otra creación para ellos.

Y en los próximos meses debe estrenar coreografías con el Ballet de Basel, Gauthier Dance Company (Alemania), el Ballet de la Ópera de Zúrich y el joven colectivo navarro Led Silhouette, para finalizar a lo grande, en noviembre, con un reto novedoso y superlativo: su versión de La bella durmiente para el Ballet de la Ópera de Lyon. “De momento solo puedo decir que la propuesta será un loop infinito, donde mientras Aurora duerme se acelera la marcha de la historia a toda prisa para acabar destruyendo el mundo”.

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Opening Night, estrenada hace un año en el Teatro Nacional de Cataluña, Morau juega con la ilusión de la representación escénica. En apariencia, sus bailarines se desplazan por un escenario desnudo que muestra sus tripas, pero no es verdad. Su homenaje a la caja negra en realidad consiste en vestir el escenario de escenario, obligarlo a fingir su propia realidad y, desde allí, hacer lo que acostumbra: crear un (nuevo) mundo fantástico poblado por cuerpos, esta vez ataviados de riguroso negro, que se expresan moviéndose fragmentados y robotizados, en lo que ya es una importante seña de identidad de La Veronal.

Hiperrealista

La apariencia escénica parece hiperrealista. La tramoya, las barras y los focos, el piano, los intérpretes, la diva y las flores reclaman atención y protagonismo en esta obra que se pretende alejada de otros escenarios de La Veronal, en los que reinventaba la gélida Islandia o colocaba en primer plano un ascensor que nos hacía bajar a los infiernos, en Voronia. No obstante, permanece La Veronal, la esencia y la estética ya perfectamente reconocibles que son comunes a todos los trabajos de la compañía.

“Digamos que Opening Night llega en el momento justo y releva un testigo estético para hacerlo crecer y crecer. La manera de mirar no cambia, la manera de enfrentarse a la composición no cambia, los pilares centrales de la mirada nos acompañarán siempre, pero los colores con los que dibujamos o creamos sí que cambian, se tiñen, se oscurecen o se aclaran con la edad y con el tiempo, también con los golpes, el desgaste y la experiencia”.

Tampoco varían los recursos expresivos, la manera tan peculiar en la que se mueven sus bailarines, producto de una estudiada metodología propia que ha llamado kova. “Hemos llegado a la conclusión de que kova no es más que una protección, una armadura que hemos diseñado entre muchos para sentirnos a salvo. Pero esa armadura no está hecha de materiales eternos, sino de retales de obsesiones, vicios y manías. Con los años hemos aprendido a usarla adecuadamente sin ser víctimas de ella ni que nos pese demasiado. Tener un estilo no es bueno porque te limita, pero que todas tus piezas desprendan una imagen que se asemeja y crea constelación”.

Opening Night

Coreografía y dirección: Marcos Morau. Intérpretes: Mònica Almirall, Valentin Goniot, Núria Navarra, Lorena Nogal, Shay Partush y Marina Rodríguez. Centro de Cultura Contemporánea Condeduque. Madrid. Del 16 al 20 de febrero. De miércoles a sábado a las 20 horas. Domingo a las 19 horas.



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