‘La situación es crítica, Rusia va a por todo’


Este sábado, Pedro Sánchez telefoneó al Rey y a Pablo Casado. No sólo eso, también instó a que la Secretaría de Estado de Comunicación hiciera públicas sus llamadas. La excusa para este comunicado era que el Gobierno de España había cambiado sus «recomendaciones de viaje a Ucrania», una decisión oficialmente «adoptada en el marco de la reunión de embajadores de la UE en Kiev».

Aunque ni ese cónclave de diplomáticos parece el adecuado para tomar una decisión de ese tipo -como mucho, para proponerla-, ni las llamadas eran simplemente para mantener la «comunicación constante» con el Jefe del Estado y para «agradecer el apoyo» al líder de la oposición.

La realidad es que Moncloa es «muy pesimista», según las fuentes consultadas en el entorno del presidente. Y que el Gobierno ha encendido la alarma ante la probable invasión de Ucrania. «La situación es crítica» en la frontera, confiesa un alto dirigente del entorno presidencial, «Rusia va a por todo».

De hecho, José Manuel Albares se reunió de este lunes con el ministro de Exteriores holandés, Wopke HoekstraY este martes, visitará la capital de España también la titular de Exteriores alemana, Annalena Baerbock. Llegará con datos de las entrevistas de su jefe, el canciller Olaf Scholz, a Kiev y Moscú para entrevistarse con el presidente ucraniano, Volódymyr Zelensky, y el ruso, Vladímir Putin.

Esta minigira podría ser la última oportunidad para la paz: si hay que hacer caso a los servicios de inteligencia militar estadounidenses, el miércoles 16 de febrero podría ser el día en el que las tropas rusas posen sus botas más allá de la frontera. Quizá por eso, Exteriores tiene ya un plan de evacuación del personal no esencial de la embajada en Kiev.

El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, junto a su homólogo neerlandés, Wopke Hoekstra, en rueda de prensa conjunta.


El ministro de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, José Manuel Albares, junto a su homólogo neerlandés, Wopke Hoekstra, en rueda de prensa conjunta.

Efe

Las llamadas a Felipe VI y al presidente del Partido Popular se produjeron antes incluso del fracaso estrepitoso en el telefonazo entre Joe Biden y Vladímir Putin. Era la penúltima oportunidad para la paz, dada la confirmación por parte de la inteligencia estadounidense.

Gobierno roto, apoyado en el PP

Ante esta escalada de reacciones nada más colgar el teléfono los presidentes de las dos potencias, la Casa Blanca cerró el debate avisando de que EEUU está «preparado» para cualquier tipo de escenario alternativo a la diplomacia.

Este martes, la Mesa del Congreso debe decidir si da curso o no a la petición de comparecencia de Sánchez en pleno, para informar de la evolución de la crisis. «Es probable que no haga falta siquiera tramitar la petición del PP, el presidente irá en cuanto tenga novedades, o haya que pedir autorización a la Cámara» por un cambio en la misión de las tropas españolas. Es decir, porque la guerra sea inminente o ya una realidad.

Fuentes de Exteriores creen que no haría falta ir al Congreso simplemente para aportar más soldados, vehículos, aviones o buques, «pero si cambian las circunstancias, si la misión de la OTAN deja de ser de vigilancia y pasa a ser defensiva», entonces, la autorización del Congreso es preceptiva.

El equipo de Albares sigue apostando por la negociación, pero «aunque la vía es el diálogo, no se puede estar dialogando permanentemente bajo presión«. Aunque la presión la vivirá el lado socialista del Gobierno cuando se visualice la fractura en la coalición, ya que Yolanda Díaz, en nombre de Unidas Podemos, ya ha advertido de que los morados votarán no en la Cámara, eso es motivo de ruptura: «No podemos estar en un Gobierno que va a la guerra».

De eso iba el agradecimiento de Sánchez a Casado. El líder de la oposición no se ha movido un milímetro del «absoluto apoyo al Gobierno de España en el cumplimiento de los compromisos con los socios y de las obligaciones con los aliados». 

Evacuar el país

Así, todos los llamamientos a la «prudencia» del ministro Albares han quedado superados. De hecho, el ministro ya reconoce tener «diseñado un plan de evacuación» para los casi 500 españoles residentes en Ucrania, «aunque algunos ya han comunicado que no abandonarán el país».

Dentro del lenguaje diplomático, estos pasos dialécticos sólo se dan (y se anuncian) para preparar a la opinión pública ante una decisión que ha pasado de posible a probable, y de eventual a inminente.

Este martes, el secretario general de la OTAN tiene previsto dar una rueda de prensa a las 13.00 horas. Sólo una situación precipitada podría suspender la comparecencia de Jens Stoltenberg, pero la realidad es que en el entorno de Moncloa cada vez es menos extraño imaginar que «se precipiten los acontecimientos». La Alianza Atlántica ya habla de «riesgo real», mientras Washington ha mandado 220 toneladas de armamento a la región. 

En el Pentágono se da por hecho que el ataque de Moscú puede ser «inminente». En el Kremlin se acusa a Washington de estar «creando los requisitos necesarios, con su actitud, para posibles acciones de provocación de las Fuerzas Armadas ucranianas»… algo que, en todo caso, nunca pasaría si en Bielorrusia no se estuvieran haciendo los mayores ejercicios desde el fin de la Guerra Fría, o si en el Mar Negro no se estuvieran celebrando maniobras de guerra con la flota que tomó Georgia, o si no hubiese 130.000 soldados rusos apostados en la frontera ucraniana.

…o 150.000 si hacemos caso a las últimas cifras que deslizaba este lunes el jefe de la diplomacia holandesa en Madrid. Estos días se están multiplicando los contactos diplomáticos entre los socios de la Unión Europea y los aliados dela OTAN. Hoekstra, de hecho, confirmaba que «nadie sabe lo que va a pasar, ni cuándo, pero quien ha llevado a 150.000 soldados a su frontera con Ucrania ha sido Rusia, y donde deberían estar es en sus cuarteles».



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