La masculinidad según Jaime Rosales y la fantasía de Paco León


Según Jaime Rosales el amor, como quizá todo en la vida, es un «aprendizaje». Siempre ha habido en el cine del autor barcelonés una pulsión por ejercer como testimonio de su tiempo. Incluso en una película como La soledad (2007), ganadora del Goya y su título más conocido, a pesar de buscar una forma cinematográfica más artificiosa que en esta Girasoles silvestres, existe esa propensión a retratar el tiempo presente, las secuelas del terrorismo y la dificultad para establecer una comunicación verdadera en las grandes ciudades en aquella.

En estos Girasoles, que han visto la luz este sábado en San Sebastián arrancando la sección oficial a concurso, vuelve a ser una joven la que busca algo tan sencillo como el amor en un mundo en el que los hombres se siguen comportado como machos alfa pero también comienza a haber otros que superan los moldes de una masculinidad arcaica y peligrosa.

En Hermosa juventud (2014), Rosales retrató las barriadas madrileñas para contar el «no futuro» de una juventud desnortada. En Girasoles silvestres el director se traslada a un barrio popular de Barcelona en el que trata de sobrevivir Julia (Anna Castillo), una joven madre de dos hijos, separada del padre, un militar destinado en Melilla, y con unos hijos que se quejan de que en el colegio les enseñan en un idioma «raro» (el catalán). Julia se bate el cobre por sus hijos y aunque dice que «pasa de los tíos» cae prendada de un tipo macarra de modales chulescos, Óscar, al que da vida Oriol Pla.

El reparto de 'Girasoles silvestres'.


El reparto de ‘Girasoles silvestres’.

Javier Etxezarreta

Efe

Ya se sabe que las mejores personas cometen los peores errores de juicio y hasta la catarsis final iremos descubriendo que detrás de la fachada de chulito de Óscar se esconde a un tipo débil y manipulador que entiende las relaciones como una forma de control y dominación. El duelo entre Pla y Castillo es lo mejor de una película en la que Rosales busca un nuevo camino estilístico despojado de todo artificio con un tono que recuerda a los Dardenne. Tirando de elipsis, conocemos a una joven insegura como todo el mundo pero con una enorme capacidad de resistencia que se sobrepone a los diversos golpes, siendo su mayor triunfo no perder la frescura ni envilecerse por el camino.

El director prefiere una película luminosa que no trata tanto sobre procesos de victimización, que también, como sobre la posibilidad de madurar y alcanzar mayores niveles de humanidad. Frente a los aires macarras de Óscar, la salvación adopta la forma de un tal Álex (Lluís Marqués), el hombre que sí sabe amar a las mujeres y no se siente agredido por tener que lavar unos platos. Como los Dardenne, Rosales quiere contarnos cómo la gente logra salir adelante y le interesa la forma en que lo hace. Girasoles silvestres es una película que tiene la virtud de transmitir un trozo de vida.

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Paco León y el Mago de Oz

Popular entre el gran púbico por la serie televisiva Aida, Paco León dejó pasmado al mundo cuando su primera película como director, Carmina o revienta (2012) lograba un enorme éxito de público y crítica al renovar con talento la comedia costumbrista española picaresca de toda la vida. Desde entonces, hemos conocido a un director audaz que busca un lenguaje propio en la secuela de 2014 y hemos disfrutado su serie, Arde Madrid, en la que reflejaba los años de Ava Gardner en España.

Este sábado ha presentado en San Sebastián fuera de concurso una película literalmente marciana como Rainbow, en la que León adapta de manera muy libre el mito del Mago de Oz. Fabulosa en sus aciertos y en sus errores, cuenta la huida de casa de una joven, Dora (Dora Postigo) tras un incidente en la casa familiar en el que acaba muerto el dueño, un rico industrial, y del que la policía le considera culpable.

Por el camino, como en el libro de Frank Baum, célebre sobre todo por la icónica adaptación cinematográfica de Victor Fleming, la joven irá uniéndose a otros tipos desnortados como ella, en este caso un chaval que literalmente rescata de un vertedero (Ayax Pedrosa), un hombre de media edad deprimido (Manolo Solo) y un tipo de origen africano marginado por los suyos por su homosexualidad.

Rainbow tiene la virtud de querer construir un mundo. Un mundo barroco en el que tanto caben unas hiperestilizadas Carmen Maura y Carmen Machi, en la piel de una pareja de lesbianas con una relación brutalizada, como un bar frecuentado por asiáticos con máquinas tragaperras con vírgenes con pistolas. Todo es delirante, alucinado y original en una película muy bella visualmente en la que León trata de darle la vuelta a los tópicos sobre el camino de maduración. No todo funciona. La fiesta del final es demasiado larga y no apuntala bien el camino emocional de la protagonista, pero Rainbow deja la sensación de haber visto algo único. Y eso es mucho.



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