La Laver Cup, el último pelotazo de Federer | Deportes


Consciente de que la vida deportiva marca una jubilación temprana, Roger Federer, hombre y deportista de cabeza muy bien amueblada, comenzó a preparar el día de mañana en paralelo a sus éxitos sobre las pistas. El suizo, ganador dentro y fuera del rectángulo, ha ido edificando un sofisticado entramado de negocios que a su vez ha dado forma a un imperio económico estimado en 500 millones de dólares (otros 500 de euros). Durante los últimos 17 años, según precisa la revista Forbes, el tenista ha encabezado la lista de ganancias en su deporte y lo ha hecho, caso de la última temporada, sin la necesidad de jugar un solo partido. En 2022, concreta la publicación, el campeón de 20 grandes ingresó 90 millones de euros, al frente de un listado en que le siguen Naomi Osaka (56) y Serena Williams (35).

Uno de los ejes de su inversión es Team8, la agencia de representación que se encargó de moldear e impulsar uno de los ambiciosos proyectos del deportista, la Laver Cup. Más allá de la Copa Davis, la extinta Copa Hopman y otros proyectos fallidos como la ATP Cup, el suizo y su agente, el estadounidense Tony Godsick, detectaron un vacío y en 2017 lanzaron un torneo a imagen y semejanza de la Ryder Cup de golf; esto es, dos equipos cara a cara (Europa y el resto del mundo, en lugar de Estados Unidos), doble capitanía y un elenco de estrellas reunido bajo un atractivo formato concentrado en tres días. El nombre homenajea al australiano Rod Laver, otro gigante por el que el profesa una particular devoción.

Aquel año, la imagen de Federer y Rafael Nadal jugando juntos el dobles en Praga dio la vuelta al mundo e inauguró una cita que ha conseguido tener continuidad y hacerse un hueco en el sobrecargado calendario anual a base de cañonazos publicitarios y el cebo de las siglas RF, una de las abreviaturas más millonarias de la historia del deporte. El evento se trasladó al United Center de Chicago en 2018, a Ginebra al año siguiente, desembarcó en el Boston Garden en 2021 y esta edición (del 23 al 25 de la próxima semana, más los actos previos) se desarrollará en el O2 de Londres, el futurista recinto diseñado por el arquitecto Richard Rogers en la península de Greenwich.

Federer –130 millones de euros en ganancias deportivas a lo largo de sus 24 años de trayectoria en la élite– ha mimado al milímetro su producto, hasta el punto de que el curso pasado, pese a la lesión de rodilla que le ha forzado a pisar el freno de manera definitiva, no dudó en desplazarse a Boston y reaparecer en muletas para que el torneo tuviera el máximo impacto mediático y, en consecuencia, comercial.

66 grandes sobre la pista

“Seguiré la competición desde la distancia, pero estaré en contacto con los chicos y hablaré con Björn [Borg] y John [McEnroe, el otro capitán] para asegurarme de que está todo bien”, expuso antes de aparecer por sorpresa y llevarse una inmensa ovación de la grada, temerosa de que tal vez no pudiera ver nunca más vestido de corto al genio que ahora, en un último servicio, empuñará la raqueta para cerrar el trayecto. La secuencia del suizo caminando a duras penas, con una mascarilla y saludando a petición popular después de pasar de nuevo por el quirófano, también tuvo una resonancia de primer grado.

Nadal y Federer, durante el partido de dobles que jugaron en la Laver Cup.
Nadal y Federer, durante el partido de dobles que jugaron en la Laver Cup.

Tanto ahora como los dos próximos años la intención es idéntica. La fiesta de la Laver busca repercusión y enmarcará su adiós, en una despedida por todo lo alto que reunirá, entre otros, a sus dos grandes compañeros de viaje, Nadal y Novak Djokovic, y también al único jugador que logró verdaderamente plantarles cara, el escocés Andy Murray. En total, 66 majors sobre la pista –pintada en negros y grises oscuros, acorde a la elegancia de su ideólogo– para un colofón tan pirotécnico como calculado.

“Nuestro sueño era reunir a los mejores jugadores del mundo, rivales durante todo el año, como compañeros de equipo. Queremos honrar a las grandes leyendas del pasado y llevar un tenis espectacular y competitivo a nuevos destinos”, afirmó Godsick en junio, cuando se oficializó que Vancouver y Berlín albergarán las ediciones de 2023 y 2024. En 2013, él y Federer –apoyados por otros dos socios más, Ian McKinnon y Dirk Ziff– mantuvieron una charla durante un viaje a Shanghái a partir de la que decidieron honrar al carismático Rod The Rocket Laver, el cohete de Rockhampton, que a la hora del adiós corresponde al afecto: “Gracias por todo, Roger. Nos vemos pronto”.

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