Feijóo se pone a cubierto | España


El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, realiza una declaración institucional sin preguntas el pasado viernes en Madrid. EFE/ Javier Lizón
El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, realiza una declaración institucional sin preguntas el pasado viernes en Madrid. EFE/ Javier LizónJAVIER LIZÓN (EFE)

Un exministro del PP que formó parte del sanedrín de Mariano Rajoy en 2011 recuerda lo que este, entonces a punto de alcanzar el poder, repetía una y otra vez a sus más estrechos colaboradores. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero empezaba a dar muestras de agotamiento, y Rajoy les decía a los suyos: “Lo importante es que nosotros no cometamos ningún error”. La misma obsesión parece atormentar ahora a Alberto Núñez Feijóo. Consciente de que en una democracia quien gana o pierde las elecciones es el Gobierno, y en plena marejada para el de Pedro Sánchez por la reforma del delito de sedición y la crisis generada tras la entrada en vigor de la ley del solo sí es sí, Feijóo sabe que no puede fallar. Sin embargo, en los últimos tiempos el líder del PP viene acumulando errores en sus intervenciones públicas, que son amplificados de inmediato por el Ejecutivo y que han erosionado su imagen entre los electores de centroizquierda, según detectan las encuestas. Ante el riesgo, Feijóo se ha puesto a cubierto. El líder popular ha reducido su exposición en una nueva estrategia de comunicación mucho más controlada, limitando las preguntas de los periodistas, mientras trata de resistir a las presiones de la derecha más dura para que avive el fuego en lugar de limitarse a esperar a que el Gobierno se queme solo.

En el Partido Popular Europeo causó sorpresa que Feijóo evitara comparecer ante la prensa nacional desplazada con él a Lisboa este jueves. Participaba en la asamblea política de los conservadores europeos, un entorno amable donde no se iba a discutir ningún asunto polémico, mientras la actualidad política de España rugía con las rebajas de penas a algunos agresores a consecuencia de la entrada en vigor de la ley del solo sí es sí, una patata muy caliente para el Gobierno de coalición progresista. Pero el líder popular no quiso responder a las preguntas de los periodistas. Sí habló de esos asuntos locales —la reforma de la sedición o los efectos indeseados de la ley de libertad sexual— en su discurso ante sus colegas europeos, para colocar su mensaje.

Era su cuarta intervención sin preguntas en la última semana, lo que, unido a su viaje a Latinoamérica la semana anterior, lo había mantenido apartado de los micrófonos de la prensa nacional durante casi quince días. Un perfil bajo muy poco habitual en un líder de la oposición, y con densos silencios en algunos asuntos clave, como el conflicto sanitario en Madrid y la multitudinaria manifestación el domingo pasado, de los que Feijóo no ha dicho aún ni palabra. En la sede de Génova sostienen, sin embargo, que ha sido casual. Atribuyen su baja exposición a la coincidencia del viaje latinoamericano, pero reconocen también que Feijóo ha cometido errores últimamente. No más que el resto de los líderes políticos, defienden, pero con mucha más repercusión porque la izquierda los explota estratégicamente, y por la centrifugadora de las redes sociales.

El viernes, finalmente, Feijóo sí contestó a los periodistas en una visita a Barcelona. Sin embargo, y a pesar del empeño de Génova en controlar el mensaje, en el balance de la semana quedó un nuevo traspié: el líder tropezó en un discurso el martes, durante un acto de la patronal de vendedores de vehículos, al defender, como medida contra la contaminación, “retirar de las carreteras vehículos de 10, 12, 13, 14 y 15 años” de forma “inmediata”. Esa idea, pensada como alternativa a la apuesta por el coche eléctrico del Gobierno, que Feijóo defiende que no pueden permitirse las clases medias, generó cierta chanza en las redes y, a la vez, soliviantó a los sectores más duros de la derecha. “Es gravísimo”, dijo Santiago Abascal, líder de Vox. “Están implantando una dictadura climática contra el pueblo, contra los que no tienen coche oficial. Les haremos rectificar”. En el PP explican que Feijóo se refería a que se deben dar ayudas para ir renovando la flota de vehículos más antigua, y no a prohibir la circulación de esos coches directamente, pero en el corte del vídeo que se hizo viral Feijóo decía textualmente “retirar”. Y circuló como la espuma.

Ese episodio revela también, a juicio de voces del sector más moderado del PP, que Feijóo sigue muy marcado por la derecha a pesar de sus intentos por ensanchar el espacio ideológico del partido hacia el centro. El político gallego llegó a la presidencia del PP con la idea de presentarse como líder moderado, pero el contexto, sus propias decisiones y otros actores de dentro y fuera de su partido están torpedeando esa estrategia. “Él está en una situación difícil: quiere seguir el modelo de Rajoy en 2011, pero afronta un dilema”, reflexiona un exministro del PP. “Hay dos tesis encima de la mesa, igual que entonces. La de que, como el Gobierno hace aguas, hay que incrementar la dureza del discurso y no esperar a que el Gobierno caiga como fruta madura. Y la que llevó Rajoy, que decía que no podía parecer que teníamos ansiedad por llegar a La Moncloa. Esta última fue la que se impuso y el tiempo le dio la razón”.

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Feijóo se mueve muy presionado por la derecha política y mediática, donde existe la convicción de que el contexto es de fin de ciclo porque el Gobierno está agotado. En ese clima, se enfrenta a una pregunta estratégica: entregarse a la presión para desarrollar una oposición total, con la moción de censura que le reclaman Vox y Ciudadanos, o aguantar en la tesis de Rajoy. De momento, la decisión del líder del PP es rechazar la moción de censura. No la ve si no es para ganarla, afirman en su entorno. “Creo que está acertando, aunque le va a costar muchísima presión, y no descartemos que la presente Vox. Cuidado con la moción porque puede revivir a quien parecía muerto”, advierte el exministro popular.

El líder del PP sufre también para marcar la agenda política, subrayan algunas voces populares. Desde la ruptura del acuerdo con el Gobierno para renovar el Consejo General del Poder Judicial, la conversación pública no ha vuelto a centrarse en la economía, donde Feijóo se siente más cómodo. “El problema es que vamos de sobresalto en sobresalto. Y los acontecimientos tan brutales te impiden articular un discurso propio, porque te condicionan”, analiza un exdirigente del entorno de la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. Feijóo se ha visto obligado a subir el diapasón contra el Gobierno por la reforma de la sedición que exalta al electorado de la derecha, y se vuelve a encontrar encajonado en el discurso territorial. Sus competidores ideológicos, Vox y Cs, cogen vuelo porque tienen posiciones todavía más duras, lo mismo que ocurre con la madrileña Isabel Díaz Ayuso, que torpedea la estrategia moderada del PP. El camino del líder de la oposición no es fácil, incluso aunque el Gobierno sufra en su propia tormenta.

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