Elecciones 2022: La batalla abierta por la derecha en Colombia | Internacional


Durante los últimos cuatro años, la derecha colombiana ha vivido en carne propia uno de los adagios más viejos y ciertos de la política: a veces los partidos viven mejor sin poder. El dato que lo enmarca es la notable caída en la aprobación del presidente Iván Duque, que está en solo un 35% de media según el índice agregado que mantiene la consultora Colombia Risk Analysis: apenas uno de cada tres colombianos ven con buenos ojos su gestión.

Duque fue elegido en el seno de la derecha colombiana como una opción electoralmente viable, un candidato joven y políticamente moderado. Pero su fracaso a la hora de mantener una alta popularidad se refleja ahora en la enorme fragmentación de este mismo espacio ideológico. Como resultado, el menú de posibles candidatos dentro de la coalición Equipo por Colombia –la más escorada a la derecha– nunca ha estado del todo claro. Tampoco lo ha estado para los encuestadores, que han variado los nombres incluidos en sus estudios para aquellos ciudadanos que pretenden votar el próximo 13 de marzo en la consulta de derecha.

Como resultado, los datos comparativos ofrecen una foto movida e incierta, que apenas sirve para distinguir a un grupo de precandidatos destacados, cuyas bandas de estimación de voto son tan amplias que resulta imposible señalar una cabeza nítida en la carrera. Son tres exalcaldes: el de Medellín Federico ‘Fico’ Gutiérrez, que alcanza entre un 26% y un 47% de apoyos; el barranquillero Alejandro Char (entre 26% y 34%); y a cierta distancia, el bogotano Enrique Peñalosa (entre 9% y 23%).

A menos de un mes de las consultas, Caracol Radio y EL PAÍS organizan una serie de debates con los precandidatos de las tres grandes coaliciones, que comienza este martes a las 19.00 horas con los aspirantes de Equipo por Colombia, que completan David Barguil y Aydeé Lizarazo.

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En esta coalición no está Óscar Iván Zuluaga, candidato del Centro Democrático, el partido de Gobierno fundado por el expresidente Álvaro Uribe, y por tanto heredero provisional de Duque. Zuluaga presenta una valoración neta notablemente negativa, solo superada por Peñalosa entre los candidatos de Equipo por Colombia.

Fico Gutiérrez está notablemente mejor en sus datos netos, pero tiene un claro problema de reconocimiento: dos tercios de la muestra de Invamer en diciembre de 2021 no tenían una opinión formada sobre él, indicando que la mayoría de la ciudadanía colombiana no sabe lo suficiente para valorarlo en ninguna dirección, no lo recuerda o no lo conoce. Y esto se da para el que se supone el contendiente más destacado dentro de la plataforma.

El debate dentro del Equipo por Colombia se ha venido centrando en dos puntos de atención avalados también por los datos demoscópicos. Uno es el asunto de la seguridad, punta de lanza argumental especialmente para el propio Fico Gutiérrez, como ya lo fue durante su alcaldía en Medellín. Y, efectivamente, la percepción de inseguridad parece haber subido en el país, según la encuesta de Invamer. También lo han hecho algunos de los indicadores de criminalidad, como la tasa de homicidios, que en 2021 alcanzó niveles que no se conocían desde 2015. Ahora bien: siguen muy lejos de los volúmenes de principios de este siglo, algo que pone en perspectiva la potencia de este gancho electoral.

La segunda palanca tiene nombre y apellidos: Gustavo Petro. El más que probable candidato de la izquierda se ha convertido en el tentador blanco visible de todos los demás contendientes, que agitan de manera directa o indirecta el fantasma que les facilitan otros gobiernos de la misma tendencia ideológica en la región. Efectivamente, el miedo por “convertirse en Venezuela” acucia a un 33% de colombianos según la Invamer, pero la asociación entre la catástrofe del país vecino y la candidatura petrista no es necesariamente obvia para los electorados más alejados del extremo derecho, y se ha reducido en los últimos tiempos desde el 60%-70% que alcanzó en el anterior ciclo electoral presidencial (un valor al que es probable que se acerque de nuevo conforme lo hagan los próximos comicios). A estos moderados, la baja valoración de Duque (en teoría, un presidente escogido por y para ellos) les puede acabar alejando de una candidatura de derecha, especialmente si está muy escorada. Y cada vez son más, mientras que los auto-declarados como muy de derecha llevan una década y media reduciéndose en Colombia: eran más de un 21% en 2004, y en 2018 apenas llegaban al 14,7%.

Ante esto, el fracturado espacio conservador se debería plantear cómo reconciliar el fracaso de un presidente que se presentó a la vez como propio y moderado, con la realidad de que su espacio ideológico se achica en Colombia.

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