El miedo a un golpe de Estado agita las elecciones de Brasil, anclado en las amenazas de Bolsonaro


«Brasil ha pasado por momentos difíciles pero también por buenos momentos: en el 65, 64, 16, 18 y ahora el 22. La historia puede repetirse. El bien siempre vence al mal«. Las palabras son de Bolsonaro, quien hablaba a sus seguidores este 7 de septiembre, día de la independencia de Brasil y, entre las fechas que destacaba, una es clave: 1964, la fecha del golpe militar que estuvo en el origen de la dictadura que gobernó el país durante más de 20 años. 

La declaración sonaba a amenaza del ultraderechista: «la historia puede repetirse». Y, más aún, cuando sus seguidores le pidieron una intervención militar, cerrar el Parlamento y destituir los jueces del Supremo, y, en vez de criticar las declaraciones y frenar la escalada, Bolsonaro los justificó con la libertad de expresión. 

Además, el presidente de la República lleva meses alimentando el miedo al voto electrónico y hablando de fraude electoral, sin ningún tipo de pruebas. Cuanto más rezagado iba en las encuestas, más endurecía su discurso contra el sistema electoral. «Pese a la vigilancia de las fuerzas armadas, no podemos dejar la posibilidad de fraude a cero«, dijo esta misma semana. 

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A las dudas expresadas por el candidato, siguió un informe del partido, presentado al Tribunal Superior Electoral, que cuestionaba «el control del código fuente de las urnas electrónicas por un grupo restringido de funcionarios y colaboradores», denunciaba «la falta de condiciones de seguridad mínimas», argumentando que tal «genera vulnerabilidad» a «invasiones externas e internas»

El Tribunal, por su parte, tachaba las conclusiones de dicho informe de «falsas y mentirosas, sin ningún amparo en la realidad, hechas a partir de informaciones fraudulentas y que atentan contra el Estado de Derecho, el Poder Judicial y la Justicia Electoral, en un intento de perturbar el desarrollo natural del proceso electoral». 

«Cuando Bolsonaro dice que sólo aceptará el resultado de las elecciones si son limpias y ataca a las urnas electrónicas él ya está creando un ambiente de tumulto previo a los comicios«, analiza Marco Teixeira, politólogo e investigador de la Fundación Getúlio Vargas. Sin embargo, la buena noticia para Teixeira es que «ahora, Bolsonaro está hablando solo». «Hasta su candidato al Gobierno de São Paulo, Tarcisio Gomes de Freitas defiende recurrentemente el voto electrónico», recuerda.

Lo mismo ocurrió el 7 de septiembre, pese al discurso polémico del presidente. «Esa fecha certificó el aislamiento de Bolsonaro. No era una fecha cualquiera, se celebraban los 200 años de la independencia de Brasil y no han acudido a la ceremonia ni el presidente del Senado, ni el presidente de la Cámara de los Diputados, ni el presidente del Supremo. Esto es muy significativo, porque queda claro que Bolsonaro no es capaz de sumar apoyos como para pensar en dar un golpe», asegura Teixeira. 

En la perspectiva del politólogo, Bolsonaro «puede hacer ruido, puede llevar la gente a la calle, puede haber enfrentamientos, pero será sólo un discurso para los suyos y no algo que influya a la sociedad en general». «El ambiente es muy distinto al del 64, en el que había una adhesión de las Fuerzas Armadas y de la propia sociedad, que era mucho más conservadora y no tan diversa como ahora», insiste.

El papel de las Fuerzas Armadas

Durante estos cuatro años de legislatura, Bolsonaro, un excapitán del Ejército, se ha esforzado por atraer la simpatía de las Fuerzas Armadas, colocando incluso algunos militares dentro del Gobierno. El número de militares en puestos civiles aumentó un 70%, según un estudio del Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea) publicado en mayo de este año. Y los militares en la cúpula del Ejecutivo pasaron de 680 en 2018 a 1085 en 2021.

Bolsonaro en las celebraciones del día de la independencia de Brasil.


Bolsonaro en las celebraciones del día de la independencia de Brasil.

Reuters

Los primeros fueron los generales reservistas Augusto Heleno Ribeiro Pereira, Carlos Alberto dos Santos Cruz, Maynard Marques Santa Rosa y Fernando Azevedo e Silva, elegidos para ocupar las carteras del Ministerio del Gabinete de Seguridad Institucional, la Secretaria de Gobierno, la Secretaria de Asuntos Estratégicos y del Ministerio de Defensa, respectivamente.

A estos le sucedieron otros, incluso siendo militares en activo, como el Asesor de Comunicación, Otávio Rêgo Barros, o Eduardo Pazuello, nombrado ministro de Sanidad cuando la pandemia del Covid-19 explotó. Ninguno de ellos aguantó demasiado tiempo en el cargo, y muchos terminaron siendo destituidos de forma humillante. 

Santos Cruz se fue en junio de 2019, decepcionado con un gobierno que no se parecía a lo que había imaginado. Hoy, es uno de los críticos de Bolsonaro, a quien acusa de querer arrastrar a las Fuerzas Armadas para su proyecto personal, insinuando que tendría apoyo militar para un golpe de Estado. «Quien gane, tiene que asumir el cargo. Sea Lula o Bolsonaro. Hay dos opciones que no son buenas. Pero la institución donde estuve tantos años no se va a meter en semejante idiotez”, dijo en entrevista con el medio brasileño Agencia Pública.

En un reportaje publicado esta semana, el medio cita varias fuentes militares y concluye que, pese a que hay una afinidad ideológica de las Fuerzas Armadas con los postulados de Bolsonaro -como el miedo al comunismo, la defensa de la familia tradicional, el porte de armas por los «ciudadanos de bien» o la lucha contra la corrupción- hay una enorme disconformidad en las formas de actuar y no quieren que su nombre esté asociado al presidente. 

«Las Fuerzas Armadas ya han sufrido mucho desgaste por la actuación de los generales que han integrado el Gobierno y acabaron pasando una imagen negativa para la sociedad, no creo que el Ejército se sumara a algo así», asegura Teixeira. 

¿Y la policía?

Lo mismo ocurre con la Policía. Durante su mandato, Bolsonaro se esforzó por estrechar lazos con los agentes. Uno de los principales guiños de Bolsonaro a la policía militar, los bomberos y los militares fue la reforma de las pensiones, con garantía de salario completo al momento de la jubilación y sin edad mínima obligatoria para dejar de trabajar. 

«No hay ambiente generar una adhesión en la calle grande lo suficiente como para poner en riesgo el resultado»

Sin embargo, dejarse querer por el presidente no significa estar dispuesto a todo por él. Una investigación del Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP) del pasado agosto muestra que un 84,5% de los policías del país defiende la democracia como la mejor forma de gobierno y ante la afirmación de que «en algunos casos sería justificable que los militares apoyaran o tomaran el poder mediante un golpe de Estado», el 55,6% dijo estar en desacuerdo. Además, un 80% asegura que quien sea declarado ganador de las elecciones por la Justicia Electoral deberá tomar posesión como presidente. 

«Ser conservador no significa ser partidario de un golpe de Estado. Y en ningún momento, cuando Bolsonaro ha convocado manifestaciones en las que incluso llegamos a pensar que la policía podría dar algún soporte, eso ocurrió. No veo cómo la Policía podría participar en algo así», aclara Teixeira. 

Retórica peligrosa

Cuando uno escucha a Bolsonaro es inevitable pensar en Trump y sus discursos tras las elecciones, atacando las instituciones democráticas y el sistema electoral de Estados Unidos. Y uno se pregunta si algo como el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021 podría ocurrir en Brasil. 

«Es una repetición de lo que hizo Trump, está claro», dice Teixeira. «Todos sabemos que Steve Bannon tiene mucha influencia no solo en Bolsonaro, sino en todo el clan, sus hijos, su familia… nada de esto sorprende. Pero no hay ambiente para generar una adhesión en la calle lo suficientemente grande como para poner en riesgo el resultado«.

Más de 670.000 brasileños poseen armas, 10 veces más que hace cinco años

Sin embargo, es un discurso que cala entre sus seguidores. Un sondeo realizado en julio de este año mostró que el 32% de los brasileños confía «un poco» en las máquinas de votación y el 20% no confía en ellas para nada. Y si a esto añadimos que muchos de los seguidores del presidente, además de creer que el resultado puede estar amañado, tienen armas, se puede estar creando un caldo de cultivo peligroso.

Durante su legislatura, Bolsonaro facilitó la compra de armas por parte de civiles y, en este momento, más de 670.000 brasileños poseen armas, 10 veces más que hace cinco años. «Más que un golpe de Estado, lo que más temo es la cantidad de gente que puede salir a la calle con armas, que haya enfrentamientos y lo que pueda suceder a partir de ahí», advierte el politólogo. 

Aún así, Teixeira confía en las fuerzas de autoridad para frenar cualquier tipo de disturbio. «Esto no es nuevo, lleva ocurriendo toda la legislatura, pero es verdad que las elecciones serán el epicentro, pero estoy seguro de que los servicios de inteligencia y la Policía Federal están monitorizando todo esto para minimizar los riesgos», señala.

Además, en los últimos meses se han levantado otras barreras de contención que pueden ayudar a que Bolsonaro no tenga más remedio que reconocer una posible derrota y pasar el testigo sin más. En agosto, en un evento con la presencia de casi todas las figuras políticas importantes de Brasil, Alexandre de Moraes, miembro del Supremo Tribunal Federal y presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), advirtió que castigaría los ataques al proceso electoral. «La libertad de expresión no es libertad para destruir la democracia, para destruir las instituciones», dijo. Su reacción, agregó, “será rápida, firme e implacable”.

Un hombre sujeta dos armas de papel en una manifestación pro Bolsonaro.


Un hombre sujeta dos armas de papel en una manifestación pro Bolsonaro.

En junio, Moraes ya había emitido una sentencia en la que obligaba a seguidores bolsonaristas a retirar decenas de noticias falsas sobre Lula, publicadas en las redes sociales. Y, como estocada final, incluyó a los militares en el proceso electoral, como una herramienta más para garantizar su transparencia. 

La sociedad brasileña es cada vez más consciente del peligro que puede suponer deslegitimar las entidades democráticas y está actuando en su defensa. En agosto, más de un millón de brasileños, incluidos expresidentes, académicos, abogados, cantantes y deportistas firmaron un manifiesto defendiendo los sistemas de votación del país. Los principales grupos empresariales de Brasil también publicaron una carta similar. 

«Este 7 de septiembre fue muy distinto del año pasado. En 2021 fue muy peligroso porque tenías un abanico de la sociedad civil que calló y dejó que el presidente actuara libremente. Este año no. Se hicieron actos públicos, se publicaron manifiestos por parte de industriales, banqueros, sindicatos que han plasmado la soledad de Bolsonaro«, recuerda Teixeira. 

Estos cuatro años de legislatura han mermado la relación de Bolsonaro con los brasileños y prueba de ello es la tasa de rechazo que los sondeos revelan: un 52% de los electores jamás votarían al ultraderechista. «Hubo una especie de despertar para el peligro. Gran parte de los actores del mercado en Brasil se ha dado cuenta de que una buena economía, sin democracia, no tiene futuro», sintetiza Teixeira. «Han entendido que un país no vive solo de PIB o de crecimiento económico… vive de democracia».



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