El liderazgo natural de Núñez Feijóo


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El presidente gallego, con cuatro mayorías absolutas, representa la voz más autorizada hoy en el PP

El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.XOÁN REYEFE

Quizá desde el fragor de la batalla fratricida que se libra en el interior del PP sea más difícil ver las cosas con claridad. Pero cada hora que pasa emerge con mayor fuerza una evidencia: el Partido Popular, principal fuerza de la oposición, está en estos momentos huérfano de liderazgo. Y esa orfandad no solo es una mala noticia para los militantes de ese partido, que también, sino principalmente para los millones de españoles que esperan ser representados en la alternativa al Gobierno radica

l de Sánchez y Podemos. Cunde el desánimo.

En la vorágine de la actualidad política, cada vez más fugaz y ciclotímica, a veces se olvida que un partido no pertenece a sus dirigentes sino a sus votantes. Y por elevación, a España entera, a cuya mejora aspiran las distintas propuestas programáticas. No hará falta insistir en la obviedad de que el PP atraviesa su momento más delicado desde su fundación. La guerra abierta en su seno entre la dirección nacional y el Gobierno de la Comunidad de Madrid trasciende cualquier polémica puntual o local, y coloca al partido en una verdadera encrucijada existencial. Y ninguno de los dos actores implicados está en estos momentos capacitado para sacarlo de ella: Isabel Díaz

Ayuso

porque su deber es centrarse en gobernar a los madrileños, y Pablo

Casado

porque su autoridad moral -especialmente mientras siga haciéndose corresponsable de la calamitosa gestión de Teodoro García Egea- ha quedado muy dañada, como se constata en la clamorosa negativa de los barones a cerrar filas con él.

En semejantes circunstancias todos los ojos se han vuelto hacia

Alberto Núñez Feijóo

. Y es natural que así sea. El presidente de la Xunta reúne el inigualable capital político de cuatro mayorías absolutas consecutivas, logradas en tiempos de fragmentación partidista. Su voz se escucha en el partido como la expresión de un liderazgo natural, sostenido tanto por los votos como por la experiencia de gobierno. Y Feijóo ha sido claro: «Nos hemos equivocado de una forma contundente y pertinaz. El manejo de este conflicto ha sido absolutamente desacertado. Nuestra obligación es pedir disculpas a todos los españoles, a los votantes y dar explicaciones». No hace falta ser experto en hermenéutica para colegir de esta elegante autocrítica una invitación a depurar responsabilidades en la cúpula del partido, al tiempo que hizo una defensa firme de la finalidad institucional del PP: «Este partido se fundó para servir a España».

Feijóo no se está postulando para mover la silla a Casado. Realmente no lo necesita: goza de una cómoda posición en Galicia mientras que el PP nacional atraviesa una crisis profunda que solo reserva quebraderos de cabeza a su dirección actual y a quien desee encabezarla en el futuro. El presidente gallego ya rechazó una vez concurrir a las primarias tras la dimisión de Rajoy pese a ser reconocido por todos como el sucesor natural, momento que aprovechó Casado para beneficiarse de la pugna entre Sáenz de Santamaría y Cospedal.

La historia no se repite pero ciertos trenes pasan dos veces

. Y ese tren no es Génova sino España. La ausencia de liderazgo es la hemorragia por la que hoy se desangra el PP en favor de Vox, disyuntiva que perpetuaría al sanchismo en el poder. No se trata tanto de una cuestión ideológica como de valía, seriedad, experiencia. Eso que los romanos llamaban

auctoritas

y que no se regala con el nombramiento para una ejecutiva. Si como el mismo Feijóo ha reclamado Casado no acierta a recomponer los pedazos del partido tras su choque con Ayuso, el centroderecha espera -y con él una amplia base constitucionalista, huérfana de representación ilusionante- el liderazgo natural de Alberto Núñez Feijóo.

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