El club de la pocha crece y crece | Deportes



La revolución comenzó el 28 de julio. Esa mañana, Sergio Scariolo anunció una lista de 22 jugadores para preparar el Eurobasket que un mes después se reduciría a 12. En la convocatoria, una ausencia tan gigante como esperada. Por primera vez en 16 años, el apellido Gasol no figuraba entre los participantes en una gran cita de verano. El vacío era mayor por la lesión de Ricky Rubio y la retirada de la selección de Sergio Rodríguez. Tampoco estaban, por diferentes motivos, Álex Abrines, Víctor Claver y Pierre Oriola. Un profundo relevo generacional estaba en marcha. Y una cara nueva llamaba especialmente la atención: la de Lorenzo Brown, base estadounidense (cumplió 32 años durante la concentración previa al torneo) nacionalizado de manera exprés y sin ningún lazo ni con España ni con el baloncesto nacional. El camino de la selección hacia el Eurobasket comenzaba con el incendio que desató ese fichaje, con dardos incluidos de Rudy Fernández, Abrines y otros jugadores que participaron en las ventanas. Con el reto multiplicado de integrar a Brown en el juego y en el vestuario y de cohesionar un equipo con muchas piezas nuevas, Scariolo arrancaba su verano “más complicado”.

Tres derrotas en seis partidos de preparación y la baja a última hora por lesión de Sergi Llull aumentaron las dudas. La FIBA situaba a España en el octavo lugar en su listado de favoritos. Pero, de Tbilisi a Berlín, el resto es la historia de un éxito himalayesco. La FIBA rectificó: “El baloncesto es simple. Diez jugadores persiguen un balón durante 40 minutos y al final siempre gana España”. En esa transformación, en la mesa de la Familia se han sentado nuevos parientes con ganas de quedarse a más partidas de pocha. La medalla conquistada en el Eurobasket ha revalorizado a un grupo de hombres que ahora regresarán a sus clubes rebosantes de confianza en su juego y en su personalidad después de la campanada en este torneo. Siete de ellos debutaban en una gran cita (Juegos, Mundiales o Europeos), para nueve ha sido su primera medalla con la absoluta.

Quizás el mejor ejemplo de este crecimiento de la Familia sea Alberto Díaz. El base del Unicaja Málaga, de 28 años, pasó de descartado por Scariolo a repescado tras la baja de Llull, y de ahí a decisivo por un trabajo defensivo vital para la selección en muchos momentos. También porque permitió a Lorenzo Brown alinearse como escolta y explotar así su capacidad ofensiva. El puesto de base ha pasado de ser “un problema gordo”, según Scariolo, a una demarcación para la que ahora habrá codazos. De cara al Mundial y los Juegos pueden regresar Ricky Rubio (mejor jugador del último campeonato mundialista) y Llull, puja el ahora lesionado Carlos Alocén, y Brown y Díaz han terminado con sobresaliente el Eurobasket. El cambio de escenario refleja la pujanza de los novatos para subirse al tren de la selección y disparar la competencia con otros jugadores más veteranos de cara a los siguientes torneos.

España ha cambiado de nombres pero ha mantenido el mismo lenguaje, un idioma que este verano ha llevado a las diferentes selecciones a nueve finales de nueve posibles: Europeos sub-16, sub-18 y sub-20 y Mundial sub-17 en las categorías masculina y femenina, además de este Eurobasket. El relevo empuja fuerte desde la base mientras se transmite una memoria genética. “No os imagináis cuánto de esto viene desde atrás, desde las ventanas, cuánto trabajo de cuánta gente hay detrás. Todos los que han ayudado a crear esta personalidad y estos valores. Los jugadores que ya no están, y que nos han ayudado a utilizar el idioma de los jugadores para explicar a los que vienen cómo se gana, porque es un idioma diferente”, explicó Scariolo tras la victoria contra Alemania. Felipe Reyes, el cuarto jugador español con más partidos internacionales (236, y 10 medallas), comentaba recientemente en EL PAÍS: “Los más veteranos de la selección siempre nos encargábamos de abrirles las puertas de par en par a los jóvenes, de ayudarles en todo lo que necesitaban y aconsejarles y explicarles cómo debían actuar en beneficio del grupo. Es muy importante acoger de la mejor manera a los chavales que van llegando y nosotros tratábamos de integrarles en las partidas de cartas, que eran perfectas para hacer piña”. La pocha como simbólico abrazo entre generaciones. Esa herencia la continúa hoy Rudy Fernández, el capitán que a los 37 años no renunció a esta aventura pese a una carrocería golpeada por tantos cursos en la cima.

España volverá a ponerse la camiseta el 11 de noviembre contra Italia y el 14 contra Holanda en dos citas de las ventanas de clasificación para el Mundial de 2023, el siguiente gran reto. Serán dos encuentros en los que ya no podrán alistarse los jugadores de la NBA ni de la Euroliga. Volverá a rodar una nueva España, puede que con más debutantes, y con Scariolo al frente para continuar un relevo generacional que ha mantenido a la selección en el cielo continental.

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