El Celta de Vigo sondea el mercado para dar entrada a un socio financiero


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El club vigués ha contratado a FTI Consulting y Cuatrecasas para la búsqueda de un inversor que tome una participación minoritaria en el capital

El presidente del Celta, Carlos Mouriño
El presidente del Celta, Carlos MouriñoSalvador SasEFE

Son muchos los signos que que apuntan a una fiebre inversora en el fútbol español. Varios clubes han seguido la estela de LaLiga, que hace casi un año cerró un acuerdo con el fondo CVC, para dotar de liquidez a los equipos de primera y segunda división. Del Valladolid al Espanyol, ahora son los propios clubes los que se dejan querer por el mercado y valoran con atención las propuestas de grandes inversores que buscan anotarse un tanto con su entrada en el fútbol.

En esas se encuentra el Celta de Vigo que habría iniciado la búsqueda de un ‘caballero banco’ que contribuya a mejorar el rendimiento deportivo de las últimas temporadas, según trasladan fuentes del entorno a EL MUNDO.

El Celta ha contratado los servicios del bufete Cuatrecasas y de FTI Consulting para sondear el apetito del mercado en busca de un aliado estratégico que entre en el capital con una visión a largo plazo y le permita crear sinergias de cara a dar un salto en su nivel deportivo.

Otras operaciones similares que ahora suenan en el mercado, como la venta del RCD Espanyol, apuntan a valoraciones del entorno de los 300 millones de euros. En el caso del Celta, la tasación se situaría en rangos similares.

El objetivo del Celta pasaría por cerrar un acuerdo con un inversor con amplia experiencia en el mundo deportivo, a fin de que este aporte sus conocimientos para propulsar al club. En los últimos años, el equipo vigués se ha enfocado en mejorar su posición financiera bajo una directiva que ha abordado la gestión del club desde una perspectiva empresarial poco común en el panorama nacional, según convienen fuentes del ámbito futbolístico.

Con las cuentas saneadas, el Celta se habría decidido a dar un paso más y buscar un aliado que le ayude, entre otras cosas, a diversificar sus fuentes de ingresos.

El presidente y principal accionista, Carlos Mouriño, tomó las riendas del equipo en 2006. Entonces, el equipo registraba números rojos por valor de alrededor de 80 millones de euros. Poco a poco, la actual directiva ha logrado sanear sus cuentas hasta volver a la senda del beneficio y lograr un resultado positivo recurrente.

Las últimas cuentas del Celta, correspondientes a la temporada 2021-2022, confirman esta buena trayectoria. La entidad dejó atrás las pérdidas de la pandemia y terminó su ejercicio fiscal con beneficios de casi 132.000 euros, gracias, en buena medida, al resultado de la venta de jugadores y, en especial, al traspaso del centrocampista Brais Méndez a la Real Sociedad, por 15 millones de euros.

La idea preliminar es que la familia Mouriño, que aglutina alrededor del 70% del capital del club, mantenga una posición accionarial de control tras la eventual entrada del nuevo inversor. De hecho, en los mentideros del entorno futbolístico, se da por hecho que Carlos Mouriño, quien cumplirá 80 años en marzo de 2023, habría empezado a preparar su plan de sucesión, coincidiendo con el centenario del club gallego que se celebra en enero del año próximo. Todo hace indicar que pasará el testigo a su hija, Marian Mouriño, quien se postula como la primera presidenta en la historia del equipo vigués.

Hace años, el Celta ya captó el interés inversor. En 2016, un fondo de inversión chino presentó una oferta no solicitada por el club gallego. El Celta rechazó la propuesta.

Debido a su solidez financiera, el Celta no tiene prisa para sellar un acuerdo con un posible socio estratégico. Tampoco estaría dispuesto a cerrar la operación a cualquier precio. El equipo no estaría buscando, por tanto, una inyección de capital puntual, sino una alianza a largo plazo que potencie una generación de ingresos recurrentes.

Esta estrategia está alineada con la profesionalización de la gestión financiera que han experimentado los clubes de LaLiga en los últimos años, en los que se ha reducido considerablemente la deuda de la competición. Precisamente, el mecanismo de control económico autoimpuesto desde 2013, tiene un carácter preventivo que permite a los clubes conocer su presupuesto por adelantado de cara a evitar situaciones de endeudamiento insostenibles. Además, este sistema previene la aparición de socios interesados en un ‘pelotazo’ a corto plazo, al promover las estructuras que den lugar a ingresos recurrentes y sostenibles en el tiempo.

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