el caso de salud mental que marcó al mundo del deporte


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El pasado 27 de julio, el mundo del deporte se centró en el ‘caso Simone Biles’. La gimnasta estadounidense dijo basta en plenos Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Fue durante las primeras finales cuando la atleta habló abiertamente sobre sus problemas de salud mental. De ahí a su regreso varios días después en la final de barra de equilibrio, donde se colgó la medalla de bronce al cuello.

Han pasado poco más de 200 días desde aquello. Antes de esto, otros deportistas como Michael Phelps, Naomi Osaka o el futbolista español Andrés Iniesta también habían compartido sus problemas de salud mental. Pero fue con Simone Biles cuando este tema adquirió una mayor relevancia a nivel mundial.

La deportista se ha convertido en un icono en este plano. Pero ahora se le ve mucho mejor. Continúa trabajando con psicólogos para trabajar en los problemas de ansiedad y presión. Pero poco a poco va mejorando, va logrando mayores cotas de seguridad en sí misma. Y esto se refleja en su día a día. Ha recuperado la sonrisa y deja prueba de ello en sus recientes publicaciones en sus redes sociales.

Exceso de presión

Antes de que comenzasen los pasados Juegos Olímpicos, la atención se puso sobremanera en Simone Biles. Ella estaba destinada a ser la reina de Tokio 2020. Pero no lo fue. O al menos de la manera que se esperaba. Porque dar un paso adelante, aceptar los problemas y ser valiente para dar un paso a un lado son ingredientes suficientes para hablar de ella como una de las monarcas del deporte en la actualidad.

«Desde que entro al tapiz, estoy yo sola con mi cabeza, tratando con demonios en mi cabeza. Debo hacer lo que es bueno para mí y concentrarme en mi salud mental y no comprometer mi salud y mi bienestar. Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos», explicó la gimnasta tras retirarse de la primera final.

Simone Biles, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020


Simone Biles, en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

Reuters

«No tengo tanta confianza en mí como antes, no sé si es una cuestión de edad. Estoy un poco más nerviosa cuando estoy haciendo mi deporte. Tengo la impresión de que ya no puedo disfrutar como antes. Físicamente me encontraba bien, me veía en buena forma, pero internamente necesitaba dar un paso a un lado. Ahora necesito unos días para intentar un nuevo inicio», aseguró.

Continuó descartándose de una final tras otra… hasta que llegó la última. No era favorita para la prueba de barra asimétrica. Ni siquiera se pensó que pudiese optar a medalla. Y esto antes de que se conociesen sus problemas. Pero después de hablar y trabajar con el equipo de psicólogos, se presentó en el pabellón para despedirse de los JJOO de Tokio compitiendo. Se llevó el bronce, pero lo más importante: se colgó la medalla de oro en superación.

Estar bien

Simone Biles confirmó que no hay nada más importante que encontrarse bien con uno mismo. Antes notaba «el peso del mundo» sobre sus «hombros». Pero al acabar su participación en Tokio, regresó a casa. «Solo quiero volver a casa y centrarme en mí misma. Debo estar bien con lo que ha pasado estos días. He salido a competir por mí misma, no por nadie, y me daba igual lo que pasas», decía antes de partir de Japón.

Entonces comenzó una nueva carrera de fondo para ella. Una carrera para luchar con su propia cabeza, sus propios miedos, sus propios fantasmas. Recuperó la sonrisa. Paso a paso. Poco a poco. «La salud mental es lo primero. Eso es más importante que cualquier otra medalla que puedas ganar. Gracias a mi comunidad por el amor», escribía en sus redes sociales la gimnasta.

Simone Biles, con mascarilla, tras recibir la medalla de bronce


Simone Biles, con mascarilla, tras recibir la medalla de bronce

Reuters

«Me sentí humana por primera vez», afirmaba Biles. Un sentimiento ajeno a ella. Ajeno a una mujer que desde niña pasó por capítulos muy complicados en su vida. Una infancia muy lejos de ser soñada. Pero que forma parte de su historia. De la historia que continuó escribiendo en Tokio 2020 y que le llevó a ser un referente más allá del deporte. No en vano, fue designada como una de las deportistas más influyentes del año por todo esto.

La sonrisa de Biles

Mucho ha reflexionado en estos últimos meses. 205 días en los que ha pasado del infierno a lo que más anhelaba: la normalidad… la felicidad. Aún le queda mucho camino por delante. En octubre decía que solo quería oír que un médico le dijese cuando al fin iba a «estar bien». En el proceso, también se animaba a aconsejar a los que pasen por algo como ella.

El famoso ‘diario de las preocupaciones’ que tanto le ha ayudado en este tiempo. Sirve para concentrar los miedos, temores y preocupaciones en una hora al día. El resto del tiempo no hay que pensar en ello: «Por lo general, para cuando llega esa nueva hora, ya me he olvidado de todas mis preocupaciones, así que ese tipo de herramienta me está ayudando».

En los últimos días, las redes sociales son testigos de que la sonrisa de Simone Biles brilla como nunca. La gimnasta se encuentra pasando unos días de vacaciones, alejada de los gimnasios y los entrenamientos. Pero ha sido este mismo martes cuando ha confirmado que va a pasar por el altar. Su novio, el jugador de fútbol americano Jonathan Owens. Un motivo más para sonreír de Biles y de todos los que la seguimos.

[Más información – El ejemplo de Simone Biles llega al surf: el tricampeón Gabriel Medina hará un parón por su salud mental]





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