El cambio climático y masificación de las playas de la Costa Brava desplazan al pulpo mar adentro | Cataluña



El pulpo (Octopus vulgaris) está desapareciendo de primera línea de mar en la Costa Brava de Girona. Los pescadores de artes menores alertan que desde hace un lustro sus capturas, entre 10 y 15 metros de profundidad, están desapareciendo. A pesar de la incertidumbre que existe sobre el tema, los expertos creen que factores como playas saturadas, aumento de temperatura del agua, falta de materia orgánica debido a las depuradoras y aguas contaminadas han hecho que este molusco cefalópodo costero emigre mar adentro.

Este año su veda biológica se ha extendido a todo el litoral para permitir la sostenibilidad de la pesca en las próximas campañas. Además, se ha puesto en marcha un proyecto para hacer una diagnosis de las poblaciones del pulpo en los golfos de Roses y Pals.

Históricamente abundaban los pulpos en los prados de grama de mar (Cymodocea nodosa) de Roses y Pals. Hoy no es así. El biólogo Boris Weitzmann, advierte que los pescadores alertan de su “disminución drástica”. Esto ha motivado el proyecto Pop de Gram para conocer “en qué situación está su población, cuál es su dieta, sus hábitos de reproducción y qué disponibilidad de alimentos halla en estas praderas”, detalla Weitzmann. Pescadores artesanales locales y biólogos, han instalado a 15 metros del fondo de ambos golfos dos cabos de 500 metros de largo con 25 alcatruces (ollas artesanales) –que sirven de refugio a los pulpos- sujetos con un anclaje. Los biólogos se sumergen una vez al mes y analizan los restos de alimentos y la ocupación de las ollas. En agosto solo 10 de las 50 estaban ocupadas, nueve este septiembre.

El proyecto, que extraerá sus primeras conclusiones en octubre y podría convertirse en una prueba piloto para planificar un refugio de pulpos a más profundidad, lo impulsan la Fundación Alive para la conservación del medio marino, y el Grup d’Acció Local Pesquera (GALP Costa Brava).

En Cataluña desde 2018 se han constituido dos comités de cogestión del marisqueo del pulpo. La Dirección General de Política Marítima este año ha aprobado por primera vez una veda bajo criterios biológicos de mínimo dos meses en toda Cataluña. La característica fundamental de esta veda es que se sitúa en los meses en que las hembras –con una solo periodo de puesta en su corta vida de poco más de un año- se encuentran en la fase de reproducción, lo que debe permitir que puedan fijar los huevos y garantizar la sostenibilidad de la pesca de cara a próximas campañas. En el Parque Natural de Cap de Creus y la bahía de Cadaqués para mayor protección, la veda es de julio a septiembre y afecta a pescadores profesionales y recreativos.

El Jefe de Recursos Marinos de la Generalitat, Jordi Rodón, cree que, a pesar del “desconocimiento” del pulpo -del que no había estudios previos a los comités de gestión- “se está trasladando” por factores como el calentamiento del agua o la interacción humana. Atribuye también el descenso de capturas “a que desde el 2000 la flota de artes menores ha bajado un 56%” y confía en los resultados de la veda porque “los pescadores están muy implicados”.

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La directora técnica de la Fundación Alive, Sonia Duñac, indica que antes en la bahía de Roses se podía coger kilos de coquinas (uno de los bivalvos alimento del pulpo) y en la actualidad no hay. “El pulpo no encuentra su comida y la busca, igual que su temperatura de confort” afirma.

Rodón lo tiene claro: “Donde estaba el pulpo ahora estamos nosotros”.

El Mediterráneo ha llegado a 30 grados. Según el meteorólogo aficionado de l’Estartit, Josep Pascual -que recoge la temperatura en las Illas Medes desde 1974- desde el 2000 ha subido el mercurio entre 3 y 4 grados. La temperatura afecta a la eclosión de los huevos -si el agua está más caliente tardan más en nacer- y a su metabolismo, que crece más lento.

Jordi Fulcarà, patrón mayor de Llançà, la cofradía gerundense que históricamente ha capturado más pulpo, con 65.881 kilos en 2017 y 41.956 este 2022, afirma que tras doce años pescando pulpo sabe que el animal “va donde se siente cómodo con la temperatura, a poca profundidad puede estar entre diciembre y enero pero a la que se calienta va a fondos de 50 metros o más”. “En 2014 lo cogíamos dentro de las bahías, en dos o tres años a quien quiera pescarlo a diez metros durante todo el año no cogerá ni uno”, asegura. “Nosotros les seguimos a ellos y ellos a la temperatura del agua, casi todo el año están entre 30 y 50 metros, lo sabemos porque nos iba el jornal y le hemos tenido que conocer”, confiesa.

Duñac, como Rodón, alerta: “Los bivalvos de los que se alimenta el pulpo, son filtradores y si hay contaminación y no hay materia orgánica no podrán comer y desaparecerán, como ya ha pasado en las bahías de la Costa Brava”.

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