El accidentado viaje de la ivermectina por América | Internacional


El uso de ivermectina contra la covid-19 ha sido polémico en todo el mundo. En México se ha convertido en un escándalo político, después de que en los últimos días se revelara que se distribuyó masivamente en la capital a finales de 2020, a pesar de que no estaba autorizada para tratar el coronavirus. La ivermectina, sin embargo, no ha sido un debate exclusivamente mexicano. La Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconsejó su uso unos meses después del estallido de la pandemia hace dos años y señaló que se necesitaban más estudios para evaluar su efectividad. La Administración de Medicamentos y Alimentos de EE UU (FDA) y la Agencia Europea del Medicamento siguieron la línea de cautela marcada por la OMS. A pesar de eso, más de una veintena de países se han acercado a la ivermectina y por lo menos diez la probaron durante la pandemia en América Latina. Las apuestas han sido variadas: desde autorizaciones a nivel nacional y compras de millones de dólares hasta estudios discretos en pequeñas ciudades.

El bioquímico japonés Satoshi Omura ganó el Premio Nobel de Medicina de 2015 por el descubrimiento de la ivermectina tres décadas atrás. El fármaco es un desparasitante que ha demostrado una alta efectividad contra infecciones provocadas por gusanos e, incluso, es común que se use como una solución tópica para tratar los piojos. En los primeros meses de la pandemia, el mundo estaba contra las cuerdas frente al SARS-CoV-2: no había vacunas ni tratamientos específicos y el virus dejaba a su paso miles de contagios y muertes diarias. Farmacéuticas y gobiernos buscaron de forma desesperada medicamentos que ya estuvieran en circulación, fueran accesibles y pudieran frenar el virus. En un primer momento, la ivermectina emergió como una alternativa viable: es barata y las primeras pruebas eran esperanzadoras.

La mayoría de los académicos y los organismos internacionales no echaron las campanas al vuelo porque los estudios eran muy pequeños, limitados y en algunos casos deficientes. La ivermectina es un hoyo negro y ante la falta de evidencia irrefutable durante el primer tramo de la pandemia sobre su efectividad o la falta de ella surgieron grandes defensores y detractores de su uso. En los extremos, la ivermectina es vista como un “medicamento milagro” o “un veneno tóxico”, pero en el medio hay múltiples matices.

Estados Unidos se ha convertido en un bastión del escepticismo sobre su uso contra el virus y, al mismo tiempo, donde la fiebre por la ivermectina ha encendido las alarmas. El interés por la ivermectina se volvió a disparar durante la ola de contagios por la variante ómicron a finales de diciembre y comienzos de enero. “No son caballos. Tampoco vacas. En serio. Dejenlo”, rezaba una campaña gubernamental, que hacía alusión a su uso veterinario para frenar el consumo. Antes de la pandemia, los médicos entregaban semanalmente 3.600 recetas para uso humano. Hace seis meses, la cifra era de 88.000, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que han alertado de que un aumento súbito de la demanda.

Una caja de ivermectina, producida por el laboratorio Biogaran, en una foto de archivo.
Una caja de ivermectina, producida por el laboratorio Biogaran, en una foto de archivo.BENOIT TESSIER (Reuters)

Además de la FDA, los Institutos Nacionales de Salud, la Asociación Médica Estadounidense y dos sociedades farmacéuticas desaconsejan la prescripción de ivermectina para la covid. El fármaco, sin embargo, ha encontrado un nicho en la telemedicina y los interesados suelen ser grupos que desconfían de las vacunas y se dejan influir por destacadas figuras de la llamada derecha alternativa. Tan solo en agosto pasado, seis personas en Oregón fueron hospitalizadas por intoxicación, entre ellas cuatro fueron internadas en terapia intensiva.

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“En muchos países se ha hecho un uso irracional de la ivermectina”, señala el químicofarmacobiólogo Gustavo Barranco, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México. Barranco explica que no se ha recetado de acuerdo con las necesidades de los pacientes ni en las dosis apropiadas, lo que significa un gasto innecesario y ha disparado la demanda de versiones falsificadas. “Dar un medicamento no es fácil”, dice el especialista, “no es nada más decir te lo tomas y ya, se necesita de profesionales capacitados”.

Brasil ha sido otro de los casos más emblemáticos. El Gobierno de Jair Bolsonaro sigue defendiendo tratamientos con ivermectina y otros compuestos contra la covid, pese a la acumulación de evidencias científicas sobre su ineficacia y a los 600.000 brasileños que la covid se ha llevado por delante. El asunto está tan politizado y vigente como al inicio de la pandemia. Hace solo unos días el Ministerio de Salud recomendó el denominado kit covid, que incluye ivermectina y medicamentos que han sido completamente descartados para el tratamiento del virus como la cloroquina y azitromicina, lo que de nuevo movilizó a asociaciones médicas para evitar que el controvertido e ineficaz paquete sea distribuido en la red sanitaria pública. Las ventas de ivermectina se multiplicaron por ocho en el país durante el primer año de epidemia.

En Perú, la ivermectina fue autorizada desde mayo de 2020 para el tratamiento de casos leves de la covid-19. El entonces ministro Víctor Zamora indicó tomar una gota de la solución por cada kilo que pesara el paciente, con un máximo de 50 gotas. La seguridad social entregó kits médicos gratuitos con los mismos medicamentos que en Brasil. Ante el colapso del sistema de salud, miles de personas se automedicaban en 2020 con la sustancia como preventivo, después de que médicos y charlatanes la recomendaran en programas de radio. Incluso, unas 5.000 personas tomaron dosis veterinarias por iniciativa de grupos evangélicos.

Medios locales informaron de que el Gobierno peruano compró en 2020 un 1.000% más de ivermectina que en años anteriores. La política cambió conforme rotaron los responsables sanitarios. En febrero de 2021, la entonces ministra Pilar Mazzeti comentó que no existían “resultados definitivos” sobre los efectos del fármaco, pero que los médicos podían “considerar su uso” luego de conversar con el paciente. El mes siguiente, citando a la OMS, el nuevo ministro Óscar Ugarte afirmó sobre el antiparasitario que los trabajos “demuestran que no tiene el efecto positivo que se suponía”. Las autoridades sanitarias retiraron la ivermectina de los protocolos de manejo de la covid-19 en mayo de 2021, pero eso no significa que los ciudadanos la hayan dejado de usar.

Un puesto de venta ilegal de medicinas en un mercado de Ciudad de México, el 19 de enero de 2022.
Un puesto de venta ilegal de medicinas en un mercado de Ciudad de México, el 19 de enero de 2022.Quetzalli Nicte Ha

En línea con sus vecinos, Bolivia incluyó en mayo de 2020 la ivermectina en la “lista de medicamentos esenciales” contra la covid, aunque aclararon que no había estudios científicos que confirmaran su eficacia. El medicamento se había popularizado en esos meses, sobre todo en el oriente del país, donde hacía mucho que se conocía y usaba para combatir los parásitos de animales y personas. Su popularidad menguó con el tiempo, mientras aumentaban las personas que fallecían a pesar de tratarse con este medicamento y algunos médicos advirtieran de un incremento de casos de intoxicación con el fármaco, aunque no existen estadísticas oficiales al respecto. Como en la mayoría de los países del continente, la ivermectina se usa bastante menos desde que llegaron las vacunas. La última guía del Ministerio de Salud no la recomienda directamente, pero varios municipios aún la reparten de forma gratuita y su uso sigue siendo amplio entre sectores conspiranoicos y antivacunas.

Otros países más pequeños hicieron apuestas muy ambiciosas en el fármaco. Guatemala también la repartió en kits médicos para la población a finales de 2020, que incluían ibuprofeno, aspirinas y vitaminas C y D, entre otros compuestos. “Se advierte de que hay en el mercado medicamentos de uso veterinario que contienen ivermectina”, indicaban, “estos no se encuentran autorizados para su uso humano por el riesgo inminente que pueden causar a la salud”. El problema del abuso del fármaco sin supervisión médica es que puede provocar náuseas, vómitos, diarrea, caídas en la presión arterial, reacciones alérgicas, convulsiones, coma e incluso la muerte, sostiene la FDA.

Belice autorizó su uso para tratar la covid, incluso en pacientes graves, desde diciembre de 2020. “Es un medicamento que se ha usado de forma segura en humanos y animales durante muchos años”, explicó Melissa Díaz-Musa, la ministra beliceña de Salud, al señalar que los riesgos eran menores que los beneficios. “Encontramos evidencia significativa de que ayuda a reducir la replicación del virus”, agregó para justificar la decisión y desafiar la narrativa de que fuera un “producto milagro”.

Panamá fue un paso más allá y adquirió en los primeros meses de 2020 alrededor de 450.000 dosis de ivermectina y 2,9 millones de dosis de hidroxicloroquina, como parte de kits de automedicación, según la revista Nature. El país, sin embargo, dio marcha atrás y en diciembre pasado el Gobierno publicó un comunicado en el que pedía no tomarlos contra la covid. “No se ha comprobado la eficacia de estos productos ante este virus”, señalaron las autoridades.

En México, hubo más de una decena de Estados además de la capital que la administraron y fue un medicamento omnipresente en las recetas de consultorios privados y de algunos doctores del sector público. “Prácticamente, todo el mundo la recetaba”, dice Salvador Arteaga, un médico en Ciudad de México, “muchos la dejamos de dar porque no vimos efectos en nuestros pacientes, sobre todo los avanzados”. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador dio la instrucción en agosto de no usarla y las autoridades de Ciudad de México dejaron de repartirla, aunque señalan que “no es un debate concluido” y han defendido su decisión. En el plano político y mediático se ha acusado a los involucrados de “experimentar con la población” y “falta de ética”, lo que ellos niegan rotundamente.

En algunos países hay inconsistencias similares entre la política nacional sobre el uso de ivermectina y la estrategia de algunas regiones. Ecuador la descartó desde febrero del año pasado. No está en las prescripciones fijadas por la política sanitaria nacional y fue proscrita por la autoridades. El debate se ha enfriado desde entonces, pero alcanzó un punto álgido cuando la alcaldesa de Guayaquil (la segunda ciudad más poblada del país), Cynthia Viteri, se convirtió en la principal precursora de su uso en plena ola de contagios de 2021, cuando las vacunas llegaban aún por cuentagotas.

En Colombia hubo una situación similar. Las autoridades nunca han recomendado de manera oficial el uso de la ivermectina para tratar la covid. Ya en julio de 2020, el presidente Iván Duque, que entonces tenía un programa televisado diario para informar sobre la pandemia, pidió prudencia a la ciudadanía. “El Ministerio de Salud y Protección Social considera que para garantizar la efectividad del medicamento se debe esperar a resultados de estudios controlados”, sostuvo. Ese mismo verano, el alcalde de Cali, el médico Jorge Iván Ospina, defendió su uso, que se popularizó en la que es la tercera ciudad del país.

La ivermectina encontró también un aliado en el expresidente Álvaro Uribe, uno de los hombres más poderosos del país. Uribe dijo públicamente que la había tomado para superar el coronavirus por indicación de sus médicos, en un cóctel que incluía además azitromicina, acetaminofén, vitamina C, agua de matarratón y agua de moringa. La Asociación Colombiana de Farmacovigilancia emitió una alerta en junio de 2021 para informar del aumento de intoxicaciones por consumir el antiparasitario. Barranco insiste en que lo ideal sería hacer un seguimiento de pacientes de consultas privadas y públicas para determinar el efecto de su uso irracional en la población.

En Argentina tampoco se ha aprobado para el tratamiento de la covid y la Administración Nacional de Alimentos, Medicamentos y Tecnología Médica (Anmat), encargada de aprobar las drogas de uso médico, argumenta que no hay pruebas suficientes que validen su eficacia. A diferencia de otros sitios, el fármaco no se consigue en las farmacias de las principales ciudades del país, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza. Tampoco es posible encontrar un médico que la recete ni hay manifestaciones de antivacunas pidiendo por su uso.

Pese a eso, sí se han autorizado ensayos clínicos y la Comisión Científica Argentina encontró que “la administración de ivermectina a dosis de 0,6 miligramos por kilo de peso produce la eliminación más rápida y profunda del virus cuando se inicia el tratamiento en etapas tempranas”. Sin embargo, advertía que la prueba no era lo suficientemente representativa y recomendaba continuar con las investigaciones. Tras ese resultado, la droga siguió prohibida por las autoridades nacionales, pero cuatro de las 23 provincias del país la autorizaron para su uso en infectados y personal sanitario: Misiones, Corrientes, Tucumán y La Pampa.

Algunos países europeos y asiáticos también dieron autorizaciones parciales y llevaron a cabo estudios. América, sin embargo, se ha afianzado como uno de los epicentros mundiales de las esperanzas, los fracasos y los escándalos por el uso de ivermectina contra el coronavirus.

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