‘El abrecartas’, el testamento lírico de Luis de Pablo


Uno de los grandes acontecimientos de la temporada operística es el estreno en el Teatro Real, el próximo día 16, de la última ópera del recientemente desaparecido Luis de Pablo (Bilbao, 1930 – Madrid, 2021). Hacía tiempo que el compositor bilbaíno no se acercaba al mundo lírico, en el que estuvo presente años atrás con obras como Kiu (quizá la mejor, más enjuta y equilibrada), El viajero indiscreto, La madre invita a comer, La señorita Cristina y Un parque. Todas de gran formato excepto la última, que es camerística.
En El abrecartas seguía estilizando y depurando su lenguaje, consecuencia de la evolución de un creador nato que estuvo presente en todos los frentes desde finales de los cincuenta. Por supuesto, hay que recordar siempre la importancia de su figura en la modernización de la música española. Su trabajo al frente del Grupo Alea, que nos dio a conocer mucho de lo que se cocía fuera, la variedad de sus registros, su imaginación para realizar cualquier tipo de propuestas sonoras y su habilidad para llevarlas a efecto eran proverbiales. Mirada profunda y de largo alcance para arrostrar toda dificultad, incluso la de la ópera.
Era un artista a quien siempre le faltó tiempo para hacer y convertir en música las miles de ideas que iban ido surgiendo a borbotones de su magín y que le llevaron a surcar los mares más procelosos en tiempos en los que estas avanzadillas constituían un serio peligro; para la salud y para el bolsillo. Aunque, justo es decirlo, su talento lograra penetrar, cada vez más, en las cerradas mentes oficiales. Con El abrecartas, escrita ya hace algún tiempo, el compositor volvía a colaborar con el escritor y periodista Vicente Molina Foix, autor asimismo de los libretos El viajero indiscreto y La madre invita a comer.

El escritor Vicente Molina Foix y el compositor Luis de Pablo. Foto: Javier del Real


El escritor Vicente Molina Foix y el compositor Luis de Pablo. Foto: Javier del Real

La sustancia literaria es desde luego bien enjundiosa pues se extrae del verbo y de los escritos, más o menos autobiográficos, de aquellos grandes personajes de nuestra historia cultural y política, que figuran con sus pensamientos, dichos, frases y reacciones entresacados de sus testimonios; y, por supuesto, de la fantasía del libretista, que si viene al caso inventa nombres y situaciones y que a veces recurre a su propia memoria y a su relación con algunos de aquellas insignes figuras.

En cierto sentido estamos ante una obra resumidora y sintetizadora de toda una larga vida y que podremos seguir a través de la dirección musical de un experto en estas lides, él mismo también compositor, Fabián Panisello, que valora la extrema libertad con la que De Pablo, ya de vuelta de todo y de haber navegado por tantos mares de la creación, se manejó en este su último fruto lírico.

Evidentemente, y eso no es nuevo, los modos y lenguajes, las propuestas de De Pablo siempre determinaron un notable grado de complejidad que no facilitaba la interpretación. “Hay que estar muy alerta para generar los cambios de registro expresivo”, afirma Panisello. “Hay momentos de polifonías densas, donde cada parte debe concentrarse en líneas intrincadas y en puntos de coincidencia armónica dentro de complejos que van a caballo entre la consonancia y la disonancia interválicas. Hace además uso de texturas muy variadas como la polifonía, la homofonía, la heterofonía y la mixtura”.

No hay duda de que todo ello ha de promover evidentes complicaciones interpretativas que se extienden a las voces solistas. Lorca será el tenor lírico canario Airam Hernández, artista matizador y seguro. Aleixandre será encarnado por el barítono lírico Borja Quiza, maleable y expresivo. Hernández estará en la voz de otro barítono, este más recio y amplio, José Antonio López, y D’Ors por el bajo David Sánchez, de oscuras resonancias. A su lado, y en personajes de ficción, pulularán los muy competentes José Manuel Montero, Jorge Rodríguez-Norton y Mikeldi Atxalandabaso (tenores), Vicenç Esteve (barítono), Ana Ibarra (mezzo) y Gabriel Díaz (contratenor). La escena, llena de sorpresas, corre definitivamente de cuenta de Xavier Albertí. En la parte musical, los Pequeños Cantores de la JORCAM más el Coro y la Orquesta, más bien reducida, del Real estarán bajo la dirección del mencionado Panisello, un especialista y conocedor profundo de la música depabliana.
Estamos ante un espectáculo operístico que nos hará pensar y recuperar la memoria de tantas cosas. “La inteligibilidad del texto como fin último de la música vocal de Luis de Pablo –nos dice el crítico José Luis Téllez– ha conducido al compositor hacia la ópera y ésta, a su vez, ha resultado una elección decisiva en la configuración del estilo musical de su última época. Una etapa final cuyo definitivo y más depurado fruto es, justamente, la obra que ahora recibe su estreno”.



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