EEUU acusa a Rusia de deportar a 1,6 millones de ucranianos detenidos en «campos de filtración»


Las tácticas de Vladímir Putin para imponer el terror parecen no tener límites. Al inicio de la guerra salieron a la luz imágenes de supuestos «campos de filtración» rusos. Lugares donde las autoridades del Kremlin detenían a civiles, les fotografiaban y les interrogaban, les despojaban de su documentación y, si superaban el registro, les enviaba a zonas bajo control ruso.

Ahora, Estados Unidos asegura tener pruebas contundentes de que «cientos de miles» de ciudadanos ucranianos han sido «deportados a la fuerza» después de pasar por alguno de los 21 campos que los servicios de inteligencia estadounidenses han detectado con imágenes satelitales. 

Se trata de instalaciones que, en su mayoría, se encuentran en territorio ucraniano ocupado -sobre todo en la zona del Donbás- y que antes servían como escuelas, mercados e incluso prisiones. Al menos así lo sostiene un informe elaborado por investigadores de la Universidad de Yale y avalado por el Departamento de Estado estadounidense. 

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El documento señala que son entre 900.000 y 1,6 millones los ucranianos enviados extrajudicialmente a Rusia, a menudo a regiones aisladas y alejadas de las principales ciudades. Unas cifras que incluyen a más de 260.000 niños que fueron separados de sus familias e incluso sacados a la fuerza de los orfanatos antes de ser puestos en adopción.

Los «campos de filtración» sirven para hacer un cribado, ya que los funcionarios rusos tienen la misión de «identificar a las personas que son compatibles con su control», según detalló Linda Thomas-Greenfield, embajadora de EEUU ante la ONU, en una reunión del Consejo de Seguridad celebrada la semana pasada. 

La embajadora de EE. UU. ante la ONU Linda Thomas - Greenfield habla en la reunión de los medios de comunicación de la ONU antes de la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.


La embajadora de EE. UU. ante la ONU Linda Thomas – Greenfield habla en la reunión de los medios de comunicación de la ONU antes de la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Reuters

A quienes superan esa prueba se les confisca el pasaporte y se les emite otro ruso. Todo en un intento por cambiar la composición demográfica de algunas partes de Ucrania. Probablemente, de aquellas donde Rusia prepara referéndums de anexión, como Jersón. 

Por su parte, quienes son considerados «una amenaza para el control ruso» o tienen inclinaciones proucranianas acaban «detenidos o desaparecidos», de acuerdo con el informe, que recoge testimonios directos y supervivientes de esas operaciones de «filtración». 

Esos mismos testigos son los que han denunciado las frecuentes amenazas, el hostigamiento y las torturas que llevan a cabo las fuerzas de seguridad rusas en esos complejos. 

«Fantasías de Occidente»

No es la primera vez que se vierten estas acusaciones sobre el Kremlin. De hecho, hace meses, Human Rights Watch (HRW) denunció que las fuerzas rusas y sus aliados estaban deportando a personas, incluidas las que huían de los combates.

Un acto que constituye «una grave violación de las leyes de la guerra que equivalen a un crimen de guerra y un posible crimen contra la humanidad», de acuerdo con la organización, que entrevistó a 54 personas que habían sido víctimas de estos filtrados o que conocían a víctimas. Muchos incluso habían ayudado a ucranianos a huir de la zona donde estaban cautivos. 

De acuerdo con HRW, una gran mayoría de los trasladados huían de la ciudad portuaria de Mariúpol, que fue devastada y capturada a mediados de mayo por las tropas rusas. Otros procedían de la región de Járkov, en el este, donde Ucrania está llevando a cabo una feroz contraofensiva. 

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Rusia no ha dudado en negar la información, que ha calificado de «fantasía». Y no sólo eso: el embajador de Rusia ante la ONU, Vassily Nebenzia, acusó a los países de Occidente de intentar desprestigiar a su país, según recoge la agencia Reuters.

En realidad, explicó, 3.700 millones de ucranianos, incluidos 600.000 niños, se han ido «voluntariamente» a Rusia o a las zonas separatistas ocupadas en el este de Ucrania (como Lugansk o Donetsk). Sin embargo, aseguró, «no se les mantiene en prisiones«, sino que «viven libremente en Rusia» y que «nadie les impide desplazarse o salir del país».

Guerra Rusia -Ucrania



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