Champions League: El partido de los 88 minutos del Real Madrid | Deportes


Casemiro y Militão intentan arrebatar el balón a Hakan Calhanoglu, del Inter, el pasado diciembre en el Bernabéu.
Casemiro y Militão intentan arrebatar el balón a Hakan Calhanoglu, del Inter, el pasado diciembre en el Bernabéu.Quality Sport Images (Getty Images)

Al Madrid le espera en París el viejo rey del fútbol de los últimos 15 años (Messi), el príncipe heredero más distinguido en estos momentos (Mbappé), su arma táctica para ganar en 2014 la décima Champions (Di María) y el gran príncipe rebelde de los tiempos recientes (Neymar), de vuelta a toda prisa de otra lesión de dos meses y medio. La mayor colección de cromos de la era moderna en la competición de clubes a la que solo se le juzgará por su capacidad, o no, para levantar la Liga de Campeones, la primera en la historia del PSG. Difícilmente habrá espacio para los grises. Este es el tipo de órdago que le aguarda a los muchachos de Carlo Ancelotti en la ronda de octavos, especialmente a su sistema defensivo en la guarida francesa.

El espíritu conservador ha guiado hasta ahora al técnico blanco en la confección del equipo, dividido en tres asociaciones fijas: Benzema y Vinicius en el ataque, Kroos y Modric en la ligazón del fútbol, y un rombo inmutable en la contención: Courtois, Militão, Alaba y Casemiro, los cuatro jugadores con más minutos esta temporada. Este cuarteto afronta, probablemente, la prueba más exigente desde que se juntó hace no mucho, con la incorporación del austriaco el pasado verano y el repentino ascenso del zaguero brasileño, en el trastero solo 10 meses antes.

Ellos, más que ningún otro, juegan lo que Carletto describió a principios de campaña como el partido de los 88 minutos. “Si pensamos que un jugador tiene el balón un minuto o minuto y medio, ¿qué hace los otros 88? ¿Mirar el encuentro? Así no ayuda”, advirtió el preparador en referencia a la necesidad de un compromiso defensivo general, liderado sobre todo por este rombo, principal responsable del candado de todos. En el Parque de los Príncipes no le faltarán amenazas: Messi, Neymar y Mbappé son los máximos regateadores de las tres últimas Champions (100, 87 y 69, respectivamente). “Si pensamos en bloquear a Messi, Mbappé, Di María, Verratti… a cada uno por separado, perderíamos la cabeza. Ya veremos cómo lo hacemos. Los dos equipos somos tan reconocibles que hacer un plan no es tan complicado”, apuntó este lunes Ancelotti, que vaticinó que no habría conejos saliendo de la chistera.

A la espera de su paso por la pasarela parisina, el dique se presenta a su gran prueba de estrés con señales de engrasamiento, producto también de un trabajo en vídeo que ha paliado la falta de horas de trabajo en Valdebebas por las apreturas del calendario. Alaba fue nombrado jefe in pectore de la defensa, aunque, al peso, Militão va acaparando una mayor producción: más recuperaciones por partido (5,55-4,28), más despejes (3,33-2,41) y, sobre todo, más duelos ganados (5,58-1,75). Sin embargo, llegados a esta curva, al brasileño le aguarda un terreno inexplorado: Kylian Mbappé, al que nunca se ha enfrentado. Dos tallos de zancada larga que se retarán aquí y allá. David Alaba no tiene buen recuerdo de ello. La temporada pasada, todavía en el Bayern, el central sufrió un mal rato en Múnich en la ida de los cuartos ante las estampidas del galo, autor de un doblete en la victoria del PSG (2-3) en un choque monumental.

La carta del bloque bajo

Con Neymar en barbecho desde finales de noviembre, el joven de 23 años pretendido por el Madrid lidera la ilustre nómina de atacantes del PSG (21 tantos y 16 asistencias), muy por encima de Messi en la rutina diaria (siete dianas y ocho pases de gol), aunque la amenaza del argentino se multiplica en Europa. En Champions, remata a puerta un poco más que su compañero (3 frente a 2,6 por encuentro), regatea con el mismo éxito (2,8 veces) y anota un poco más (5-4). Y solo para eso fue fichado el exazulgrana a razón de 36,5 millones netos por campaña. La versión más modesta de su carrera en una Liga (dos tantos) no le impide a su equipo tener resuelto el título sin llegar al Día de los Enamorados.

Al fondo, La Pulga tendrá a Courtois, al que no le mete un gol desde hace cuatro años (se quedó a cero en los últimos Barça-Madrid). El meta belga, puntual cuando es imprescindible y cuando no, se mantiene este curso en su segundo mejor porcentaje de paradas (75%, solo por debajo del 76,5 de hace dos años). Y en la punta del rombo, Casemiro, el jefe ideológico de ese trabajo sucio, un empollón de los contrarios que al terminar cada partido sigue mirando con satisfacción que su cifra de recuperaciones no se resiente (7,5). No obstante, en el último precedente en París, en septiembre de 2019, al PSG no le hizo falta ni Mbappé ni Neymar, ni por supuesto Messi, para aniquilar 3-0 a un Madrid donde Militão estrenaba titularidad. Se bastó con Di María, elemento clave para Ancelotti en su primera etapa en el Bernabéu.

A Courtois, Casemiro, Alaba y Militão, escoltados por suerte para ellos por los laterales premium (Carvajal y Mendy, este segundo de vuelta de otra lesión de tres semanas), les espera un campo plagado de minas, aunque disfrutarán de una carta que no tuvieron otros dispositivos del pasado, obligados a sostener durante años el fuerte con los hombres justos y a campo abierto. Ahora, la estrategia habitual de Carletto de refugiar a los suyos en el denominado bloque bajo les concede un mayor abrigo atrás y el arma añadida de saltar a la contra. Así lo ordenó el italiano en otros duelos de cartel (Atlético, los dos ante el Barcelona e Inter en casa), y esa podría ser una medicina para aliviar los muchos peligros parisinos y, de paso, atacar una de las vías de escape del rival, la espalda de Achraf con las carreras de Vinicius. Como sentenció Casemiro tras empatar en Vila-real, “ahora viene lo más bonito”.

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