Bancos y resistencia climática | Negocios



Una de las lecciones de la crisis de 2008-2009 fue la necesidad de testar la capacidad de resistencia de las entidades financieras a escenarios económicos distintos del base, que no suele ser especialmente adverso. Y es que, como el Fondo Monetario Internacional concluyó al analizar cómo de buenos somos los economistas previendo recesiones, en general no se identifica oportunamente ni el inicio de las recesiones ni su severidad. Así, es conveniente plantear ejercicios del tipo “qué pasaría si…” para saber si los bancos tienen suficiente capital para cumplir sus funciones, como mantener su capacidad de ofertar financiación.

En Europa es el Banco Central Europeo (BCE) el que organiza pruebas periódicas de resistencia, definiendo el escenario económico para el que los bancos calcu­lan el impacto en su balance y cuenta de resultados. El BCE evalúa los resultados y, en su caso, pide tomar medidas, por ejemplo, sobre el colchón de capital para afrontar pérdidas. El escenario económico adverso ha sido, año tras año, un clásico con aumento de primas de riesgo, caídas de actividad, subidas de desempleo y descenso del precio de la vivienda. Todo lo que puede deteriorar la capacidad de pago de los clientes y, por tanto, un balance bancario.

En 2022 el BCE ha pasado de un único escenario adverso de origen macrofinanciero a distintos escenarios de riesgo climático (seis en total); atendiendo al horizonte, tres de corto y tres de muy largo; y según el tipo de riesgo, cuatro de transición (ligados a precios de las emisiones de gases de efecto invernadero) y dos de eventos de riesgo físico (sequía e inundación). Y aunque este no es un ejercicio al uso, con impacto en capital bancario, el reto no es menor, todo lo contrario.

Primero, los datos de exposición a riesgos climáticos están literalmente en construcción. Por ejemplo, para medir la intensidad de emisiones de las actividades productivas, señal de riesgo de transición, no basta con la información sectorial de las cuentas nacionales: la dispersión a nivel de empresas es elevada y la disponibilidad y homogeneidad de los datos empresariales tiene margen de mejora. En segundo lugar, la modelización del efecto del clima en la economía también está en pleno desarrollo, un fenómeno que no es una recesión de la que haya evidencia repetida en el pasado para extraer conclusiones hacia el futuro. Por ejemplo, los precios de las emisiones no han subido antes como han de hacerlo en los escenarios previstos simplemente porque no había tales precios. Así, lo climático es un riesgo nuevo, sujeto a políticas aún por implementar.

Las pruebas de resistencia bancaria a riesgos climáticos, la de este año y las que vengan, serán un aprendizaje para todos, supervisados y supervisores.

J. Julian Cubero, de BBVA Research.

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