«Bajará el precio al volver a intentarlo»


El viernes 11 de noviembre, ya apagándose el sol en el cielo de Barcelona, se reunía la cúpula de Esquerra Republicana. Era la primera ocasión en que se juntaba la nueva Ejecutiva, tras el último congreso de la formación independentista. En la reunión, Oriol Junqueras dio argumentos que justifican su apuesta por el diálogo con el Gobierno de España, «del Estado», dijo. «Logramos resultados concretos para hoy y bajamos el precio para cuando lo volvamos a intentar».

Ésa es la diferencia clave entre ERC y Junts per Catalunya, el partido de Carles Puigdemont. Si desde el inicio de la democracia, los independentistas «fetén» eran los republicanos y los «posibilistas» que sacaban réditos de la negociación en Madrid eran los convergentes, todo ha cambiado tras el fracaso del golpe del ‘procés’.

La formación heredera de la obra política de Jordi Pujol es hoy «la de los hiperventilados», en palabras de otro dirigente de Esquerra. Y así se ha podido conquistar el Govern, la «hegemonía soberanista», y esta especie de amnistía encubierta que sólo se completará con las enmiendas para reformar también el delito de malversación. «El Gobierno lo sabe, tiene que pasar».

Marta Rovira interviene telemáticamente en la reunión de la Ejecutiva de ERC del pasado 11 de noviembre.


Marta Rovira interviene telemáticamente en la reunión de la Ejecutiva de ERC del pasado 11 de noviembre.

EP

Las fuentes de ERC consultadas se jactan de ese cambio de papeles. «Junts renegó de la Mesa de diálogo sólo el día que empezó a liderarla Pere Aragonès. Antes sí que la celebraba Quim Torra con satisfacción», explica una fuente de la dirección. «Hemos tenido una mesa monocolor, sólo con ERC, y ahora el Govern también lo es».

Por eso, los republicanos no entran en los detalles de a quién más puede beneficiar el acuerdo -al propio expresident huido, al condenado socialista por los ERE Pepe Griñán…-, pero exigen un retoque «quirúrgico» en esa figura delictiva.

«No es lo mismo diseñar un desvío de fondos públicos que ejecutarlo», argumentan, en consonancia con el mensaje de Junqueras en la cita del 11 de noviembre: «Este proceso negociador es duro, el PSOE no quiere nada hasta que nos necesita, pero avanzamos«.

La intrahistoria

Cuando llegó Junqueras a la sede barcelonesa de ERC, en el 166 de calle de Calabria, comenzaron a sonar las ráfagas de los fotógrafos para captar su gesto, entre sonriente y expandido: victorioso. Esa misma mañana, enviados del presidente del Gobierno habían registrado la proposición de ley de reforma del Código Penal, la de «la sedición derogada».

Oriol Junqueras, presidente de ERC, satisfecho a su llegada a la reunión de la nueva Ejecutiva de su partido.


Oriol Junqueras, presidente de ERC, satisfecho a su llegada a la reunión de la nueva Ejecutiva de su partido.

EP

Enviados, los portavoces de PSOE y Unidas Podemos, la firmaban: Patxi López y Pablo Echenique. Uno, que hasta hacía dos días negaba que el documento estuviese redactado. El otro, cuya formación siempre defendió eso, la derogación.

No habían pasado ni 24 horas desde que Sánchez lo había anunciado en televisión, encargando una entrevista en La Sexta para la noche en cuya mañana se habían terminado de «cerrar los últimos detalles de la exposición de motivos»… y otra en La Vanguardia para el día siguiente.

La cadencia era la habitual de Moncloa, en los últimos tiempos: foco directo al presidente en la tele, y segunda oportunidad para corregir mensajes y matizar ideas, al día siguiente, en diferido… con prensa escrita.

Nada de eso sorprendía entre los republicanos, aunque no gustaba. «Si hay una Mesa, es para algo», confiesa una fuente presente en la cita del atardecer de aquel viernes con Junqueras. «Mejor habría sido escenificarlo como un acuerdo de la Mesa de diálogo que él solo en la tele». 

Los republicanos recuerdan que la cuarta cita de la Mesa ha de celebrarse antes de fin de año, en Barcelona. Y que en la anterior, además de acordarse esto, se anticipó lo de la sedición. La estrategia, hoy «exitosa», fue dejar claro entonces qué es lo que quería Esquerra y qué es lo que ofrecería el PSOE.

Entonces, todavía el Govern alojaba a dos partidos, aunque no la Mesa, boicoteada por Junts desde el primer día, «para que en la foto de los resultados no saliera Pere Aragonès«. Y, aunque la Mesa se supone que reúne a Gobiernos y siempre hay una silla para Unidas Podemos -primero Pablo Iglesias, ahora Yolanda Díaz-, ahí quien decide es «el que necesita los votos». O sea, Pedro Sánchez.

De Puigdemont a Sánchez

Junqueras no dedicó mucho tiempo a la doble negociación de Félix Bolaños, por un lado, con ERC por la sedición, y por otro, con el PP por el CGPJ. Sólo hubo una «mala noche», cuando los populares rompieron su diálogo con el Gobierno y en las filas republicanas se alimentaban las dudas a cuenta de por dónde saldría Sánchez.

Después de la «quiebra de confianza» por el llamado caso Pegasus, era posible imaginar al líder del PSOE demasiado presionado «retrasando esto una vez más», explican las fuentes. «Pero a la mañana siguiente, seguimos por dónde íbamos con el PSOE», explica a este diario otra fuente de Esquerra.

Los 'exconsellers' de Junts se reúnen con el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, en Bruselas


Los ‘exconsellers’ de Junts se reúnen con el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, en Bruselas

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Sí tuvo tiempo el presidente de la formación republicana para comentar sobre su rivalidad con Puigdemont.

Durante la reunión de la Ejecutiva se celebró la reacción del expresident, criticando el acuerdo alcanzado con el PSOE, que derivó en la proposición de ley. «Se quedó con el mensaje del PSOE, el de la reforma… y habló sin leer el texto, que deja claro que los hechos que llevaron al 1-O dejan de ser delito», remata una fuente conocedora de lo hablado en la Ejecutiva de Esquerra.

Y es que el Gobierno, con todos sus ministros y el presidente en concreto, justifican estos pagos al independentismo no en la evidencia de que ERC es imprescindible para la estabilidad de la legislatura, sino en que «la convivencia ha mejorado» en Cataluña. «Hasta el más crítico de la oposición tendrá que admitir que la vida en esa comunidad autónoma es mejor en 2022 que la que heredé yo en 2018», ha explicitado recientemente el presidente, en las dos citadas entrevistas.

Pero del otro lado de la Mesa, tanto Aragonès como la cúpula de ERC insisten en que «el objetivo sigue siendo la independencia». Como defendió Junqueras en aquella cita del viernes 11 de noviembre, «ahora se trata de ir dando pequeños pasos».

Por eso, había que aprovechar los últimos Presupuestos de Sánchez antes de las generales para abordar «de una vez la desjudicialización, como dejamos claro ya en julio». Por dos motivos. El primero, que el próximo inquilino de la Moncloa, sea quien sea, debe encontrarse esto ya en el BOE. Y que ése sea su punto de partida. Y el segundo, que esto alimenta las opciones republicanas ante las urnas.

ERC afronta las municipales de mayo en dos planos distintos: compite con JxCat en el plano indepe, y con el PSC y los Comunes en el de las izquierdas. Y «sólo con avances concretos», arengó Junqueras, podrán mantener un discurso que marque la agenda. Y así, la apuesta creen que es ganadora: Presupuestos del Estado «con avances sociales» que sólo se aprueban porque Esquerra arranca «el fin de la represión» al PSOE.



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