Alemania y Ucrania chocan sobre el suministro de gas y la entrada en la OTAN | Internacional


El controvertido gasoducto Nord Stream 2, que llevará gas ruso directamente a Alemania, sin cruzar territorio ucranio, ha vuelto a visibilizar las diferencias entre Kiev y Berlín. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha ondeado este lunes el asunto ante su homólogo alemán, Olaf Scholz, de visita en Kiev antes de viajar el martes a Moscú. “Entendemos que [el proyecto] es un arma geopolítica”, recalcó Zelenski en una rueda de prensa ante el canciller alemán, que ha recibido críticas por su lentitud en responder a la concentración militar rusa a lo largo de las fronteras con Ucrania. Scholz, que lleva cuidándose semanas de ahondar en el tema del gasoducto —pendiente de aprobación final—, criticó la retórica del Kremlin sobre Kiev y la expansión de la OTAN, pero al hacerlo echó un pequeño jarro de agua fría a Zelenski al recordarle que la entrada de Ucrania en la Alianza no está ni mucho menos cerca.

Junto a Georgia, Ucrania recibió la invitación para unirse a la Alianza Atlántica (de la que es miembro España) en 2008. Y desde entonces, las posibilidades de membresía del país del Este y su camino hacia la unión militar apenas han variado. Ucrania necesita reformas para entrar y también se necesita consenso. “Es extraño ver cómo el Gobierno ruso está planeando como un gran problema político algo que prácticamente no está en la agenda”, recordó este lunes Scholz.

Ucrania, ha recordado a su lado Zelenski, consagró en la Constitución su intención de entrar en la OTAN y no retrocederá. “Debemos seguir el camino que elijamos”, zanjó el presidente ucranio en una comparecencia en el palacio Mariinski de Kiev, donde insistió en que en estas crisis no se trata de Kiev solamente sino de todo el Viejo Continente. “Es en Ucrania donde se decide hoy el futuro de la arquitectura de seguridad europea, de la que forma parte nuestro Estado”, abundó.

El Kremlin, que asegura que la antigua república soviética se está convirtiendo en el “portaaviones de la OTAN”, ha hecho de la intención de Ucrania de unirse a la Alianza uno de sus argumentos en la actual escalada y también el escudo central en las reclamaciones a la Alianza Atlántica y a Estados Unidos, con las que busca reescribir la arquitectura de seguridad europea y los términos derivados del fin de la Guerra Fría.

Cuando el presidente ruso, Vladímir Putin, ha dado signos —pese a que sigue la concentración de tropas alrededor de la frontera con Ucrania— de que el diálogo diplomático aún tiene posibilidades para desescalar la situación, el canciller alemán ha apuntado que la OTAN y Estados Unidos esperan ahora las respuestas del Kremlin a las propuestas que Washington y la Alianza enviaron a Moscú, sobre las exigencias rusas. “La OTAN y EE UU han hecho propuestas específicas a Rusia, que apoyamos”, señaló Scholz, quien el martes se reunirá con Putin, y que criticó la concentración militar rusa. “No hay razones sensatas para tal despliegue militar”.

El canciller de Alemania ha anunciado un paquete de ayuda de 150 millones de euros que deben llegar en los próximos días y otros 150 millones futuros. “Ningún país del mundo ha brindado un apoyo financiero tan fuerte a Ucrania en los últimos ocho años”, dijo Scholz, que descartó una vez más enviar armas a Kiev, pero recalcó que Alemania, que ya ha destinado más de 2.000 millones de euros a Ucrania, seguiría apoyando al país del Este y que alentaría a empresas alemanas a invertir.

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Scholz, que tomó posesión como canciller de Alemania hace dos meses, ha mostrado cierta tibieza con el Kremlin en la crisis en torno a Ucrania. Este lunes, coincidiendo con su llegada a Kiev, activistas anticorrupción de Ucrania han publicado informes sobre los bienes que oligarcas rusos tienen en Alemania y los vínculos de antiguos miembros del Gobierno y otras figuras poderosas con Rusia. Como el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröder, el mayor lobista de Putin en Alemania, que acumula cargos en empresas públicas rusas.

Berlín y Moscú comparten numerosos acuerdos económicos y lazos históricos, y Alemania es enormemente dependiente del gas ruso. Durante semanas, el canciller alemán ha tratado de no hacer referencia al Nord Stream 2. También sorteó el tema hace unos días, en su visita a Washington, cuando el presidente estadounidense, Joe Biden, aseguró que el proyecto se detendría en caso de que Rusia inicie otra agresión militar a Ucrania. EE UU, que también quiere vender gas a Europa, se ha opuesto desde el principio al gasoducto porque cree que aumentará la dependencia de Moscú.

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